Book Review: The Dream Gurbaksh Chahal
Moreover Technologies - Premier purveyor of real-time news and RSS feeds from across the Web

Voters Are Red, Voters Are Blue
Ad -

Book review: The Intelligent Investor, by Benjamin Graham
How to start internet companies and sell them The dotcom boom years were full of tales of entrepreneurs starting in bedrooms that went on to make millions. Gurbaksh Chahal is one such, setting up an advertising company in his bedroom at 16 and selling it

A / B / C / D / E / F / G / H / I / J / K / L / M / N / O / P / R / S / T / U / V / W / Y / Z

El Comendador Mendoza written by Juan Valera

J >> Juan Valera >> El Comendador Mendoza

Pages:
1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | 13 | 14 | 15


JUAN VALERA
NOVELAS

El Comendador Mendoza

OBRAS COMPLETAS TOMO VII




A LA EXCMA. SENORA *DONA IDA DE BAUER*

Nunca, estimada senora y bondadosa amiga, sone con ser escritor popular.
No me explico la causa, pero es lo cierto que tengo y tendre siempre
pocos lectores. Mi aficion a escribir es, sin embargo, tan fuerte, que
puede mas que la indiferencia del publico y que mis desenganos.

Varias veces me di ya por vencido y hasta por muerto; mas apenas deje de
ser escritor, cuando revivi como tal bajo diversa forma. Primero fui
poeta lirico, luego periodista, luego critico, luego aspire a filosofo,
luego tuve mis intenciones y conatos de dramaturgo zarzuelero, y al cabo
trate de figurar como novelista en el largo catalogo de nuestros
autores.

Bajo esta ultima forma es como la gente me ha recibido menos mal; pero
aun asi, no las tengo todas conmigo.

Mi musa es tan voluntariosa, que hace lo que quiere y no lo que yo le
mando. De aqui proviene que, si por dicha logro aplausos, es por falta
de prevision.

Escribi mi primera novela sin caer hasta el fin en que era novela lo que
escribia.

Acababa yo de leer multitud de libros devotos.

Lo poetico de aquellos libros me tenia hechizado, pero no cautivo. Mi
fantasia se exalto con tales lecturas, pero mi frio corazon siguio en
libertad y mi seco espiritu se atuvo a la razon severa.

Quise entonces recoger como en un ramillete todo lo mas precioso, o lo
que mas precioso me parecia, de aquellas flores misticas y asceticas, e
invente un personaje que las recogiera con fe y entusiasmo, juzgandome
yo, por mi mismo, incapaz de tal cosa. Asi broto espontanea una novela,
cuando yo distaba tanto de querer ser novelista.

Despues me he puesto adrede a componer otras, y dicen que lo he hecho
peor.

Esto me ha desanimado de tal suerte, que he estado a punto de no volver
a escribirlas.

Entre las pocas personas que me han dado nuevo aliento descuella V., ora
por la indulgencia con que celebra mis obrillas, ora por el valor que
los elogios de V., si prescindimos por un instante de la bondad que los
inspira, deben tener para cuantos conocen su rara discrecion, su
delicado gusto y el hondo y exquisito sentir con que percibe todo lo
bello.

Aunque yo no hubiese seguido de antemano la sentencia de aquel sabio
alejandrino que afirmaba que solo las personas hermosas entendian de
hermosura, V. me hubiera movido a seguirla, mostrandose luminoso y vivo
ejemplo y gentil prueba de su verdad.

No extrane V., pues, que, lleno de agradecimiento, le dedique este
libro.

Por ir dedicado a V., quisiera yo que fuese mejor que _Pepita Jimenez_,
a quien V. tanto celebra; pero harto sabido es que las obras literarias,
y muy en particular las de caracter poetico, solo se dan bien en
momentos dichosos de inspiracion, que los autores no renuevan a su
antojo.

En esto como en otras mil cosas, la poesia se parece a la magia.
Requiere la intervencion del cielo.

Cuentan de Alberto Magno que, yendo en peregrinacion de Roma a Alemania,
paso una noche a las orillas del Po, en la cabana de un pescador.
Agasajado alli muy bien, quiso el doctor probar su gratitud al huesped,
y le hizo y le dio un pez de madera, tan maravilloso que, puesto en la
red atraia a todos los peces vivos. No hay que ponderar la ventura del
pescador con su pez magico. Cierto dia, con todo, tuvo un descuido, y el
pez se le perdio. Entonces se puso en camino, fue a Alemania, busco a
Alberto, y le rogo que le hiciera otro pez semejante al primero. Alberto
respondio que lo deseaba (tambien deseo yo hacer otra _Pepita Jimenez;_)
mas que, para hacer otro pez que tuviese todas las virtudes del antiguo,
era menester esperar a que el cielo presentase identico aspecto y
disposicion en constelaciones, signos y planetas, que en la noche en que
el primer pez se hizo, lo cual no podia acontecer sino dentro de treinta
y seis mil y pico de anos.

Como yo no puedo esperar tanto tiempo, me resigno a dedicar a V. _El
Comendador Mendoza_.

Este simpatico personaje, antes de salir en publico, no ya escondido y a
trozos, sino por completo y por si solo, pasa, con la venia de Lucia, a
besar humildemente los lindos pies de V. y a ponerse bajo su amparo.
Remedando a un antiguo companero mio, elige a V. por su madrina. No
desdene V. al nuevo ahijado que le presento, aunque no valga lo que
_Pepita_, y creame su afectisimo y respetuoso servidor.

JUAN VALERA.




*El Comendador Mendoza.*




I

A pesar de los quehaceres y cuidados que me retienen en Madrid casi de
continuo, todavia suelo ir de vez en cuando a Villabermeja y a otros
lugares de Andalucia, a pasar cortas temporadas de uno a dos meses.

La ultima vez que estuve en Villabermeja ya habian salido a luz _Las
Ilusiones del Doctor Faustino_.

D. Juan Fresco me mostro en un principio algun enojo de que yo hubiese
sacado a relucir su vida y las de varios parientes suyos en un libro de
entretenimiento; pero al cabo, conociendo que yo no lo habia hecho a mal
hacer, me perdono la falta de sigilo. Es mas: D. Juan aplaudio la idea
de escribir novelas fundadas en hechos reales, y me animo a que siguiese
cultivando el genero. Esto nos movio a hablar del Comendador Mendoza.

--?El vulgo --dije yo,-- cree aun que el Comendador anda penando,
durante la noche, por los desvanes de la casa solariega de los
Mendozas, con su manto blanco del habito de Santiago?

--Amigo mio --contesto D. Juan,-- el vulgo lee ya _El Citador_ y otros
libros y periodicos librepensadores. En la incredulidad, ademas, esta
como impregnado el aire que se respira. No faltan jornaleros escepticos;
pero las mujeres, por lo comun, siguen creyendo a pie juntillas. Los
mismos jornaleros escepticos niegan de dia y rodeados de gente, y de
noche, a solas, tienen mas miedo que antes de lo sobrenatural, por lo
mismo que lo han negado durante el dia. Resulta, pues, que, a pesar de
que vivimos ya en la edad de la razon y se supone que la de la fe ha
pasado, no hay mujer bermejina que se aventure a subir a los desvanes de
la casa de los Mendozas sin bajar gritando y afirmando a veces que ha
visto al Comendador, y apenas hay hombre que suba solo a dichos desvanes
sin hacer un grande esfuerzo de voluntad para vencer o disimular el
miedo. El Comendador, por lo visto, no ha cumplido aun su tiempo de
purgatorio, y eso que murio al empezar este siglo. Algunos entienden que
no esta en el purgatorio, sino en el infierno; pero no parece natural
que, si esta en el infierno, se le deje salir de alli para que venga a
mortificar a sus paisanos. Lo mas razonable y verosimil es que este en
el purgatorio, y esto cree la generalidad de las gentes.

--Lo que se infiere de todo, ora este el Comendador en el infierno, ora
en el purgatorio, es que sus pecados debieron de ser enormes.

--Pues, mire V. --replico D. Juan Fresco,-- nada cuenta el vulgo de
terminante y claro con relacion al Comendador. Cuenta, si, mil confusas
patranas. En Villabermeja se conoce que hirio mas la imaginacion popular
por su modo de ser y de pensar que por sus hechos. Sus hechos conocidos,
salvo algun extravio de la mocedad, mas le califican de buena que de
mala persona.

--De todos modos, ?V. cree que el Comendador era una persona notable?

--Y mucho que lo creo. Yo contare a V. lo que se de el, y V. juzgara.

Don Juan Fresco me conto entonces lo que sabia acerca del Comendador
Mendoza. Yo no hago mas que ponerlo ahora por escrito.




II

Don Fadrique Lopez de Mendoza, llamado comunmente el Comendador, fue
hermano de don Jose, el mayorazgo, abuelo de nuestro D. Faustino, a
quien supongo que conocen mis lectores.

Nacio D. Fadrique en 1744.

Desde nino dicen que manifesto una inclinacion perversa a reirse de todo
y a no tomar nada por lo serio. Esta cualidad es la que menos facilmente
se perdona, cuando se entreve que no proviene de ligereza, sino de tener
un hombre el espiritu tan serio, que apenas halla cosa terrena y humana
que merezca que el la considere con seriedad; por donde, en fuerza de la
seriedad misma, nacen el desden y la risa burlona.

Don Fadrique, segun la general tradicion, era un hombre de este genero:
un hombre jocoso de puro serio.

Claro esta que hay dos clases de hombres jocosos de puro serios. A una
clase, que es muy numerosa, pertenecen los que andan siempre tan serios,
que hacen reir a los demas, y sin quererlo son jocosos. A otra clase,
que siempre cuenta pocos individuos, es a la que pertenecia D. Fadrique.
Don Fadrique se burlaba de la seriedad vulgar e inmotivada, en virtud de
una seriedad exquisita y superlativa; por lo cual era jocoso.

Conviene advertir, no obstante, que la jocosidad de D. Fadrique rara vez
tocaba en la insolencia o en la crueldad, ni se ensanaba en dano del
projimo. Sus burlas eran benevolas y urbanas, y tenian a menudo cierto
barniz de dulce melancolia.

El rasgo predominante en el caracter de D. Fadrique no se puede negar
que implicaba una mala condicion: la falta de respeto. Como veia lo
ridiculo y lo comico en todo, resultaba que nada o casi nada respetaba,
sin poderlo remediar. Sus maestros y superiores se lamentaron mucho de
esto.

Don Fadrique era agil y fuerte, y nada ni nadie le inspiro jamas temor,
mas que su padre, a quien quiso entranablemente. No por eso dejaba de
conocer y aun de decir en confianza, cuando recordaba a su padre,
despues de muerto, que, si bien habia sido un cumplido caballero,
honrado, pundonoroso, buen marido y lleno de caridad para con los
pobres, habia sido tambien un _vandalo_.

En comprobacion de este aserto contaba D. Fadrique varias anecdotas,
entre las cuales ninguna le gustaba tanto como la del bolero.

D. Fadrique bailaba muy bien este baile cuando era nino, y D. Diego,
que asi se llamaba su padre, se complacia en que su hijo luciese su
habilidad cuando le llevaba de visitas o las recibia con el en su casa.

Un dia llevo D. Diego a su hijo D. Fadrique a la pequena ciudad, que
dista dos leguas de Villabermeja, cuyo nombre no he querido nunca decir,
y donde he puesto la escena de mi _Pepita Jimenez_. Para la mejor
inteligencia de todo, y a fin de evitar perifrasis, pido al lector que
siempre que en adelante hable yo de la ciudad entienda que hablo de la
pequena ciudad ya mencionada.

Don Diego, como queda dicho, llevo a D. Fadrique a la ciudad. Tenia D.
Fadrique trece anos, pero estaba muy espigado. Como iba de visitas de
ceremonia, lucia casaca y chupa de damasco encarnado con botones de
acero brunido, zapatos de hebilla y medias de seda blanca, de suerte que
parecia un sol.

La ropa de viaje de D. Fadrique, que estaba muy traida y con algunas
manchas y desgarrones, se quedo en la posada, donde dejaron los
caballos. D. Diego quiso que su hijo le acompanase en todo su esplendor.
El muchacho iba contentisimo de verse tan guapo y con traje tan senoril
y lujoso. Pero la misma idea de la elegancia aristocratica del traje le
infundio un sentimiento algo exagerado del decoro y compostura que
debia tener quien le llevaba puesto.

Por desgracia, en la primera visita que hizo Don Diego a una hidalga
viuda, que tenia dos hijas doncellas, se hablo del nino Fadrique y de lo
crecido que estaba, y del talento que tenia para bailar el bolero.

--Ahora --dijo D. Diego,-- baila el chico peor que el ano pasado, porque
esta en la _edad del pavo_; edad insufrible, entre la palmeta y el
barbero. Ya Vds. sabran que en esa edad se ponen los chicos muy
empalagosos, porque empiezan a presumir de hombres y no lo son. Sin
embargo, ya que Vds. se empenan, el chico lucira su habilidad.

Las senoras, que habian mostrado deseos de ver a D. Fadrique bailar,
repitieron sus instancias, y una de las doncellas tomo una guitarra y se
puso a tocar para que D. Fadrique bailase.

--Baila, Fadrique, --dijo D. Diego, no bien empezo la musica.

Repugnancia invencible al baile, en aquella ocasion se apodero de su
alma. Veia una contrariedad monstruosa, algo de lo que llaman ahora una
_antinomia_, entre el bolero y la casaca. Es de advertir que en aquel
dia D. Fadrique llevaba casaca por primera vez: estrenaba la prenda, si
puede calificarse de estreno el aprovechamiento del arreglo o
refundicion de un vestido, usado primero por el padre y despues por el
mayorazgo, a quien se le habia quedado estrecho y corto.

--Baila, Fadrique, --repitio D. Diego, bastante amostazado.

Don Diego, cuyo traje de campo y camino, al uso de la tierra, estaba en
muy buen estado, no se habia puesto casaca como su hijo. D. Diego iba
todo de estezado, con botas y espuelas, y en la mano llevaba el latigo
con que castigaba al caballo y a los podencos de una jauria numerosa que
tenia para cazar.

--Baila, Fadrique, --exclamo D. Diego por tercera vez, notandose ya en
su voz cierta alteracion, causada por la colera y la sorpresa.

Era tan elevado el concepto que tenia D. Diego de la autoridad paterna,
que se maravillaba de aquella rebeldia.

--Dejele V., senor de Mendoza --dijo la hidalga viuda.-- El nino esta
cansado del camino y no quiere bailar.

--Ha de bailar ahora.

--Dejele V.; otra vez le veremos, --dijo la que tocaba la guitarra.

--Ha de bailar ahora --repitio D. Diego.-- Baila, Fadrique.

--Yo no bailo con casaca, --respondio este al cabo.

Aqui fue Troya. D. Diego prescindio de las senoras y de todo.

--iRebelde! imal hijo! --grito:-- te enviare a los Toribios: baila o te
desuello; y empezo a latigazos con D. Fadrique.

La senorita de la guitarra paro un instante la musica; pero D. Diego la
miro de modo tan terrible, que ella tuvo miedo de que la hiciese tocar
como queria hacer bailar a su hijo, y siguio tocando el bolero.

Don Fadrique, despues de recibir ocho o diez latigazos, bailo lo mejor
que supo.

Al pronto se le saltaron las lagrimas; pero despues, considerando que
habia sido su padre quien le habia pegado, y ofreciendose a su fantasia
de un modo comico toda la escena, y viendose el mismo bailar a latigazos
y con casaca, se rio, a pesar del dolor fisico, y bailo con inspiracion
y entusiasmo.

Las senoras aplaudieron a rabiar.

--Bien, bien --dijo D. Diego.-- iPor vida del diablo! ?Te he hecho mal,
hijo mio?

--No, padre --dijo D. Fadrique.-- Esta visto: yo necesitaba hoy de doble
acompanamiento para bailar.

--Hombre, disimula. ?Por que eres tonto? ?Que repugnancia podias tener,
si la casaca te va que ni pintada, y el bolero clasico y de buena
escuela es un baile muy senor? Estas damas me perdonaran. ?No es verdad?
Yo soy algo vivo de genio.

Asi termino el lance del bolero.

Aquel dia bailo otras cuatro veces D. Fadrique en otras tantas visitas,
a la mas leve insinuacion de su padre.

Decia el cura Fernandez, que conocio y trato a D. Fadrique, y de quien
sabia muchas de estas cosas mi amigo D. Juan Fresco, que D. Fadrique
referia con amor la anecdota del bolero, y que lloraba de ternura filial
y reia al mismo tiempo, diciendo _mi padre era un vandalo_, cuando se
acordaba de el, dandole de latigazos, y retraia a su memoria a las damas
aterradas, sin dejar una de ellas de tocar la guitarra, y a el mismo
bailando el bolero mejor que nunca.

Parece que habia en todo esto algo de orgullo de familia. El _mi padre
era un vandalo_ de D. Fadrique casi sonaba en sus labios como alabanza.
D. Fadrique, educado en el lugar y del mismo modo que su padre, D.
Fadrique cerril, hubiera sido mas vandalo aun.

La fama de sus travesuras de nino duro en el lugar muchos anos despues
de haberse el partido a servir al Rey.

Huerfano de madre a los tres anos de edad, habia sido criado y mimado
por una tia solterona, que vivia en la casa, y a quien llamaban la
chacha Victoria.

Tenia ademas otra tia, que si bien no vivia con la familia, sino en casa
aparte, habia tambien permanecido soltera y competia en mimos y en
halagos con la chacha Victoria. Llamabase esta otra tia la chacha
Ramoncica. D. Fadrique era el ojito derecho de ambas senoras, cada una
de las cuales estaba ya en los cuarenta y pico de anos cuando tenia doce
nuestro heroe.

Las dos tias o chachas se parecian en algo y se diferenciaban en mucho.

Se parecian en cierto entono amable y benevolo de hidalgas, en la piedad
catolica y en la profunda ignorancia. Esto ultimo no provenia solo de
que hubiesen sido educadas en el lugar, sino de una idea de entonces. Yo
me figuro que nuestros abuelos, hartos de la bachilleria femenil, de las
cultas latini-parlas y de la desenvoltura pedantesca de las damas que
retratan Quevedo, Tirso y Calderon en sus obras, habian caido en el
extremo contrario de empenarse en que las mujeres no aprendiesen nada.
La ciencia en la mujer hubo de considerarse como un manantial de
perversion. Asi es que en los lugares, en las familias acomodadas y
nobles, cuando eran religiosas y morigeradas, se educaban las ninas para
que fuesen muy hacendosas, muy arregladas y muy senoras de su casa.
Aprendian a coser, a bordar y a hacer calceta; muchas sabian de cocina;
no pocas planchaban perfectamente; pero casi siempre se procuraba que no
aprendiesen a escribir, y apenas si se les ensenaba a leer de corrido
en _El Ano Cristiano_ o en algun otro libro devoto.

Las chachas Victoria y Ramoncica se habian educado asi. La diversa
condicion y caracter de cada una establecio despues notables
diferencias.

La chacha Victoria, alta, rubia, delgada y bien parecida,
habia sido, y continuo siendo hasta la muerte, naturalmente sentimental
y curiosa. A fuerza de deletrear, llego a leer casi de corrido cuando
estaba ya muy granada; y sus lecturas no fueron solo de vidas de santos,
sino que conocio tambien algunas historias profanas y las obras de
varios poetas. Sus autores favoritos fueron dona Maria de Zayas y
Gerardo Lobo.

Se preciaba de experimentada y desenganada. Su conversacion estaba
siempre como salpicada de estas dos exclamaciones: --iQue mundo este!
--iLo que ve el que vive!-- La chacha Victoria se sentia como hastiada y
fatigada de haber visto tanto, y eso que sus viajes no se habian
extendido mas alla de cinco o seis leguas de distancia de Villabermeja.

Una pasion, que hoy calificariamos de romantica, habia llenado toda la
vida de la chacha Victoria. Cuando apenas tenia diez y ocho anos,
conocio y amo en una feria a un caballero cadete de infanteria. El
cadete amo tambien a la chacha, que no lo era entonces; pero los dos
amantes, tan hidalgos como pobres, no se podian casar por falta de
dinero. Formaron, pues, el firme proposito de seguir amandose, se
juraron constancia eterna y decidieron aguardar para la boda a que
llegase a capitan el cadete. Por desgracia, entonces se caminaba con
pies de plomo en las carreras, no habia guerras civiles ni
pronunciamientos, y el cadete, firme como una roca y fiel como un perro,
envejecio sin pasar de teniente nunca.

Siempre que el servicio militar lo consentia, el cadete venia a
Villabermeja; hablaba por la ventana con la chacha Victoria, y se decian
ambos mil ternuras. En las largas ausencias se escribian cartas amorosas
cada ocho o diez dias; asiduidad y frecuencia extraordinarias entonces.

Esta necesidad de escribir obligo a la chacha Victoria a hacerse
letrada. El amor fue su maestro de escuela, y le enseno a trazar unos
garrapatos anarquicos y misteriosos, que por revelacion de amor leia,
entendia y descifraba el cadete.

De esta suerte, entre temporadas de pelar la pava en Villabermeja, y
otras mas largas temporadas de estar ausentes, comunicandose por cartas,
se pasaron cerca de doce anos. El cadete llego a teniente.

Hubo entonces un momento terrible: una despedida desgarradora. El
cadete, teniente ya, se fue a la guerra de Italia. Desde alli venian las
cartas muy de tarde en tarde. Al cabo cesaron del todo. La chacha
Victoria se lleno de presentimientos melancolicos.

En 1747, firmada ya la paz de Aquisgran, los soldados espanoles
volvieron de Italia a Espana; pero nuestro cadete, que habia esperado
volver de capitan, no parecia ni escribia. Solo parecio, con la licencia
absoluta, su asistente, que era bermejino.

El bueno del asistente, en el mejor lenguaje que pudo, y con los
preparativos y rodeos que le parecieron del caso para amortiguar el
golpe, dio a la chacha Victoria la triste noticia de que el cadete,
cuando iba ya a ver colmados sus deseos, cuando iba a ser ascendido a
capitan, en visperas de la paz, en la rota de Trebia, habia caido
atravesado por la lanza de un croata.

No murio en el acto. Vivio aun dos o tres dias con la herida mortal, y
tuvo tiempo de entregar al asistente, para que trajese a su querida
Victoria, un rizo rubio que de ella llevaba sobre el pecho en un
guardapelo, las cartas y un anillo de oro con un bonito diamante.

El pobre soldado cumplio fielmente su comision.

La chacha Victoria recibio y bano en lagrimas las amadas reliquias. El
resto de su vida le paso recordando al cadete, permaneciendo fiel a su
memoria y llorandole a veces. Cuanto habia de amor en su alma fue
consumiendose en devociones y transformandose en carino por el sobrino
Fadriquito, el cual tenia tres anos cuando supo la chacha Victoria la
muerte de su perpetuo y unico novio.

La pobre chacha Ramoncica habia sido siempre pequenuela y mal hecha de
cuerpo, sumamente morena y bastante fea de cara. Cierta dignidad natural
e instintiva le hizo comprender, desde que tenia quince anos, que no
habia nacido para el amor. Si algo del amor con que aman las mujeres a
los hombres habia en germen en su alma, ella acerto a sofocarlo y no
broto jamas. En cambio tuvo afecto para todos. Su caridad se extendia
hasta los animales.

Desde la edad de veinticuatro anos, en que la chacha Ramoncica se quedo
huerfana y vivia en casa propia, sola, le hacian compania media docena
de gatos, dos o tres perros y un grajo, que poseia varias habilidades.
Tenia asimismo Ramoncica un palomar lleno de palomos, y un corral
poblado de pavos, patos, gallinas y conejos.

Una criada llamada Rafaela, que entro a servir a la chacha Ramoncica
cuando esta vivia aun en casa de sus padres, siguio sirviendola toda la
vida. Ama y criada eran de la misma edad y llegaron juntas a una extrema
vejez.

Rafaela era mas fea que la chacha, y, hasta por imitarla, permanecio
siempre soltera.

En medio de su fealdad, habia algo de noble y distinguido en la chacha
Ramoncica, que era una senora de muy cortas luces. Rafaela, por el
contrario, sobre ser fea, tenia el mas innoble aspecto; pero estaba
dotada de un despejo natural grandisimo.

Por lo demas, ama y criada, guardando siempre cada cual su posicion y
grado en la jerarquia social, se identificaron por tal arte, que se
diria que no habia en ellas sino una voluntad, los pensamientos mismos y
los mismos propositos.

Todo era orden, metodo y arreglo en aquella casa. Apenas se gastaba en
comer, porque ama y criada comian poquisimo. Un vestido, una saya, una
basquina, cualquiera otra prenda, duraba anos y anos sobre el cuerpo de
la chacha Ramoncica o guardada en el armario. Despues, estando aun en
buen uso, pasaba a ser prenda de Rafaela.

Los muebles eran siempre los mismos y se conservaban, como por encanto,
con un lustre y una limpieza que daban consuelo.

Con tal modo de vivir, la chacha Ramoncica, si bien no tenia sino muy
escasas rentas, apenas gastaba de ellas una tercera parte. Iba, pues,
acumulando y atesorando, y pronto tuvo fama de rica. Sin embargo, jamas
se sentia con valor de ser despilfarrada sino por empeno de su sobrino
Fadrique, a quien, segun hemos dicho, mimaba en competencia de la chacha
Victoria.

Don Diego andaba siempre en el campo, de caza o atendiendo a las
labores. Sus dos hijos, D. Jose y D. Fadrique, quedaban al cuidado de la
chacha Victoria y del P. Jacinto, fraile dominico, que pasaba por muy
docto en el lugar, y que les sirvio de ayo, ensenandoles las primeras
letras y el latin.

Don Jose era bondadoso y reposado, D. Fadrique un diablo de travieso;
pero D. Jose no atinaba hacerse querer, y D. Fadrique era amado con
locura de ambas chachas, del feroz D. Diego y del ya citado P. Jacinto,
quien apenas tendria treinta y seis anos de edad cuando ensenaba la
lengua de Ciceron a los dos pimpollos lozanos del glorioso y antiguo
tronco de los Lopez de Mendoza bermejinos.

Mientras que el apacible D. Jose se quedaba en casa estudiando, o iba al
convento a ayudar a misa, o empleaba su tiempo en otras tareas
tranquilas, D. Fadrique solia escaparse y promover mil alborotos en el
pueblo.

Como segundon de la casa, D. Fadrique estaba condenado a vestirse de lo
que se quedaba estrecho o corto para su hermano, el cual, a su vez,
solia vestirse de los desechos de su padre. La chacha Victoria hacia
estos arreglos y traspasos. Ya hemos hablado de la casaca y de la chupa
encarnadas, que vinieron a ser memorables por el lance del bolero; pero
mucho antes habia heredado D. Fadrique una capa, que se hizo mas
famosa, y que habia servido sucesivamente a D. Diego y a D. Jose. La
capa era blanca, y cuando cayo en poder de D. Fadrique recibio el nombre
de la capa-paloma.

La capa-paloma parecia que habia dado alas al chico, quien se hizo mas
inquieto y diabolico desde que la poseyo. D. Fadrique, cabeza de motin y
de bando entre los muchachos mas desatinados del pueblo, se diria que
llevaba la capa-paloma como un estandarte, como un signo que todos
seguian, como un penacho blanco de Enrique IV.

Pages:
1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | 13 | 14 | 15
Copyright (c) 2007. topknownstories.com. All rights reserved.