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Agent to the Stars by John Scalzi">Book Review: Agent to the Stars by John Scalzi
A Cambridge School of Art graduate?s first book has been lauded in the international press. Kazuno Kohara, from Japan, who graduated from the MA in Children?s Book Illustration in 2007, has had her first book voted as one of 10 Best Illustrated

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Descripcion Geografica, Historica y Estadistica de Bolivia written by Alcides de Orbigny

A >> Alcides de Orbigny >> Descripcion Geografica, Historica y Estadistica de Bolivia

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Los Bolivianos blancos que viajan en la provincia van en canoas hechas
de un solo tronco ahuecado: estas embarcaciones que tienen generalmente
de nueve a doce varas de largo, sobre una o dos de ancho, son muy bajas
de bordo en el medio y rara vez, estando cargadas, sobrepasan de dos o
tres pulgadas a la superficie de las ondas; por manera que al menor
choque contra algun arbol flotante, entra en ellas el agua con
abundancia. Las canoas de un tamano regular admiten generalmente cuatro
o cinco baules, y a lo mas tres pasageros que se ponen a cubierto del
sol o de las intemperies bajo un toldo de cuero donde apenas se puede
estar sentado. El numero de remeros varia segun el largo de la
embarcacion; para dirigirla, se mantienen de pie en la parte trasera el
capitan de la canoa y su ayudante; otros dos indios van sentados en el
estremo opuesto, cuidando de prevenir y evitar los embarazos. Los
remeros, colocados en medio de a dos en dos, no dejan de mano en todo el
dia los grandes y anchos remos de que se sirven para impulsar la pequena
barca. Todos estos indios principian la jornada dandose un bano, y al
rayar el el dia estan ya en marcha: hacen alto a cosa de las ocho para
almorzar, y antes de pasar adelante toman un segundo bano. Al medio dia
se detienen otra vez por una hora para comer, y navegan en seguida hasta
la noche. Cuando el viagero es un personage de distincion, envian los
administradores una canoa cargada de comestibles, en la que se prepara
la comida a las horas de regla, sin perder tiempo en detensiones. En
todo el transito desempenan los indios sus tareas con el mayor celo
posible, y no es dado hacerse una idea de los prolijos cuidados con que
atienden a los viageros, estando siempre alertas para adivinar y
prevenir sus menores deseos.

Cuando se tiene que subir un rio, generalmente se andan de ocho a diez
leguas por dia; y cuando se voga rio abajo suele doblarse esta
distancia; mas esto depende de la mayor o menor rapidez de la corriente,
variable en cada rio, y tambien de los remeros, cuya destreza y
actividad no en todas partes son de igual grado. Cada nacion tiene su
manera particular de remar: los Itonamas van sentados y reman con mucha
precipitation; los Cayuvavas, tambien sentados, reman pausadamente pero
con fuerza, en tanto que los Baures se mantienen de pie como para dar
mayor impulsion a los remos. De todas estas naciones los Cayuvavas son
los remeros mas afamados, y tratan de conservar su reputacion,
esforzandose por sobrepujar en celeridad a todas las embarcaciones
estrangeras que encuentran sobre su paso. Tienen la costumbre estos
naturales de banarse tres veces al dia cuando van de viage; para
practicarlo, se detienen de pronto, se arrojan al agua, zambullen y
vuelven, a vestir su camisa de cortezas, continuando en seguida la
marcha. Toda vez que los Moxos entran a banarse, ensenan sus espaldas
cubiertas de cicatrices que parecen quemaduras, y que no son sino el
resultado de las flagelaciones de la semana santa. Entre ellos mismos se
manifiestan ufanos de llevar sobre sus cuerpos semejantes senales,
mofandose con cierta ironia de aquellos que no las tienen.

Cuando el tiempo es hermoso, el calor que reina a eso del medio dia en
el estrecho callegon formado por los arboles coposos y antiquisimos, que
guarnecen las orillas de los rios, jamas llega a ser templado por la mas
leve y pasagera brisa; el viagero echando entonces de menos el aire
vivificador de la pasada manana, desea la noche con impaciencia; pero
tan luego como esta envuelve la tierra, densos vapores se levantan del
rio, y se encuentra uno tan mojado por la manana como si hubiese
llovido de recio toda la noche. Cuando en el curso del dia llueve sin
que haya tempestad, salen de los bosques millares de mosquitos, y
refugiandose en las canoas, torturan a los pobres viageros que demasiado
sufren por las noches semejante molestia. Si el tiempo se pone sumamente
malo, construyen los indios a toda prisa una choza de canas, bajo la
cual se ponen los viageros a cubierto contra los torrentes de lluvia; si
esta continua, construyen tambien para ellos cabanas espaciosas; de modo
que en pocos instantes se transforma el campamento en una aldehuela
donde permanecen muchos dias hasta que se apacigua el viento. Las
fuertes oleadas que promueven los vientos en los grandes rios no son,
como ya lo hemos dicho, los unicos peligros a que esta espuesto el
viagero que transita por aquellos lugares. Las barrancas arenosas suelen
desplomarse derrepente sobre las aguas, arrastrando en su caida alguno
de los arboles gigantescos que se alzan en las orillas, y cuyas enormes
raices llevan tras si una inmensa mole de terreno. Si todos estos
escombros caen por casualidad sobre la fragil embarcacion, la hacen
desaparecer completamente; pero cuando esto no suceda, bastarian para
hacerla zozobrar las olas de proyeccion, que tales derrumbamientos
exitan en el seno de las ondas.

Algunas veces, subiendo los rios en la estacion lluviosa, se aventuran
los indios a pasar por en medio de los brazos que forman las islas, y en
los que la corriente se manifiesta menos rapida; empero, estos brazos
suelen hallarse obstruidos en sus remates por gruesos troncos que han
amontonado las aguas; si los remeros tratando de salvar el paso se meten
por los pequenos estrechos donde la corriente es muy impetuosa, se
enreda la canoa entre las ramas, y se llena de agua en un momento:
justamente alarmados se echan desde luego al rio, y ya nadando, ya
soliviandose sobre las ramas, sostienen la embarcacion sin que se hunda,
hasta que llegan en su ausilio las demas canoas. Es en tales ocasiones
cuando los superticiosos Cayuvavas echan por tierra una espiga de maiz
en accion de gracias a la suprema Providencia por haberlos libertado del
peligro.

Si estos viages son penosos para los Espanoles, lo son aun mucho mas
para los pobres indios, continuamente espuestos a las intemperies, y
obligados muchas veces a pasar la noche en las llanuras anegadas,
suspendidos sobre el agua en sus hamacas.

Innumerables trozos de vegetacion, ocultos bajo las aguas, hacen
zozobrar a menudo las canoas: detienense entonces los indios sobre algun
banco de arena para poner a secar las mercancia. Muy rara vez llega
algun indio a perecer en estos trances; pues todos ellos nadan como si
las ondas fuesen su elemento natural. Pero hay otros peligros a que esta
espuesta su vida en estos viages: citare como uno de los principales el
encuentro con los tigres. Cuando descubren sobre las playas los rastros
de esta fiera, levantan inmediatamente su campamento, yendo a buscar
mas lejos la no muy completa seguridad; y si en medio de la noche oyen
sus bramidos, van a recoger inmediatamente toda la lena que pueden, y
encienden grande fogatas; pero esto no siempre los pone a cubierto
contra los funestos accidentes, sobre todo cuando la espedicion ne se
compone mas que de indios. Un administrador de Magdalena habia enviado
en cierta ocasion unos cuantos indios, para que fuesen a recoger en los
bosques los gajos de un arbol, cuya ceniza suministra una potasa
escelente para la fabrica del jabon. Muchas dias habia que estos indios,
enteramente desprovistos de armas, se hallaban acampados y contraidos a
su trabajo, cuando de improviso se presento una noche en medio de ellos
un tigre hambriento, y arrojandose sobre un indio que yacia dormido en
su hamaca, se lo llevaba para devorarlo lejos de alli; empero, asustado
con la grita tumultuosa de los otros indios que despertaron a los
quejidos de la victima, echo a correr, dejando en tierra al pobre indio
con la cabeza hecha pedazos y con muy pocos instantes de vida. Este
hecho es como un reproche a esa medida absurda, que, so pretesto de
evitar las pendencias con los blancos, prohibe[1] llevar armas a unos
hombres constantemente espuestos a los mayores peligros en medio de esos
desiertos, cuyo imperio pertenece todavia a los animales feroces. Es de
notar que el tigre jamas enviste a las personas cuya cabeza no alcanza a
ver, y no hay un solo ejemplo de que algun viagero, estando bien
escondido bajo su mosquitero, haya perecido victima de su voracidad.

[Nota 1: Esta prohibicion data desde la sublevacion de los indigenas de
San-Pedro, cuya relacion puede verse en la pag. 196.]

Las riberas del Mamore, de ordinario sumamente silenciosas, ven pasar
una vez al ano infinidad de canoas reunidas que se dirigen de Moxos a
Santa-Cruz, y dando eco a la grita tumultuosa y alegre de los
navegantes, cobran una animacion que bien puede llamarse deliciosa. Hizo
la casualidad que yo me hallase tambien de viage en el momento de una de
estas espediciones. Copiare aqui el punto de mi diario que a este pasage
se refiere.

"... Mas de cuarenta canoas se aprestaban a partir a la vez del puerto
de Loreto, componiendo una verdadera flota. Los curas y negociantes que
iban incorporados a la espedicion, quisieron que yo me encargarse de
conducir la marcha, viajando en compania; y como podia practicarlo tanto
mejor, cuanto que mis remeros eran los mas habiles, acepte desde luego
el honor que se me conferia. Al fin de la jornada hicimos alto para
pasar la noche sobre un espacioso banco de arena, no lejos de un bosque.
Entonces me fue dado gozar de un halagueeno punto de vista, mientras
llegaban las canoas poco a poco y sucesivamente, saludadas por los
gritos triunfales o de mofa de los que se hablan anticipado. Todos los
indios se dispersaron luego dentro del bosque, y volvieron trayendo
lena, algunas canas con que armaron camas para los viageros, y gruesas
estacas que clavaron simetricamente en tierra para suspender, por grupos
separados, las hamacas pertenecientes a los remeros de cada canoa: en el
centro de estos grupos se encendio una fogata; y en la parle de afuera
brillaban ya de trecho en trecho otros fuegos donde se preparaba la
cena."

"Nuestro campamento, que reunia mas de seiscientas personas, presentaba
el aspecto mas curioso que pudiera imaginarse. Hablabanse en el casi
todas las lenguas de la provincia, sin confundirse unas con otras las
diferentes naciones. Todos los blancos nos habiamos congregado en el
centro, en tanto que, aqui y aculla, los Baures, los Itonamas, los
Movimas, los Cayuvavas, los Canichanas y los Moxos formando diversos
grupos, platicaban en sus respectivos dialectos. La playa poco antes
solitaria era el transuto del teatro mas animado. Cada grupo de hamacas
blanquecinas, colgadas en derredor de una hoguera encendida, contrastaba
con los mosquiteros de los viageros y con la hilera de piraguas que se
estendia magestuosamente a lo largo de la orilla[1]: sentados todos
sobre la arena cenamos luego en comunidad, suscitando mil alegres
conversaciones, a que la estraneza de los diferentes lenguages daba mas
originalidad. Cada individuo, apartandose de Moxos, se hallaba ya
escento de temores y dejaba ir libremente su lengua; las indiscreciones
de los unos daban pie a las recriminaciones de los otros; asi es que me
fueron revelados en aquella noche todos los secretos sobre la conducta
privada de los empleados, y supe mas cosas en una sola hora, que en
algunos meses de permanencia en la provincia."


[Nota 1: Vease la lam. 11.]

"Acabada la cena, todos los indios se reunieron como de costumbre para
orar en comunidad. Estos canticos religiosos que tantas veces me habian
sorprendido agradablemente en medio de aquellas soledades, resonaron a
mi oido en aquel momento con tal discordancia, que tuve que retirarme a
un lado; y no podia resultar menos de la confusion de aquellas
entonaciones en diferentes dialectos, que se producian todas a la vez en
el silencio de la noche. Los indios, sin cubrirse con otra ropa que sus
tipois, se acuestan en sus hamacas, y pasan la noche espuestos a las
picaduras de los encarnizados mosquitos, y sobre todo al fuerte rocio
que cae en las regiones calurosas sobre las orillas de los rios. Apenas
raya el dia, se levantan y despues de haber descolgado sus hamacas,
entonan en coro y con el mayor recogimiento la suplica de la manana."

Cuando se viaja con un sequito compuesto de una sola nacion, y que se
hace alto en el bosque de las riberas, estas preces de la noche suelen
tener un encanto inexplicable. No puedo prescindir de traer al caso la
espresion consignada en mi diario, de las sensaciones que la solemnidad
de un acto semejante imprimio una vez en mi espiritu. "La noche era
ciertamente una de las mas oscuras, y su lobreguez aun parecia mayor
bajo la boveda formada por el tupido follage. Brillaban de distancia en
distancia los fuegos de los indios acampados, esparciendo una claridad
incierta sobre los objetos que nos rodeaban y dando un colorido magico
al silvestre recinto. A cosa de las ocho mis setenta indios entonaron en
coro sus canticos religiosos, que en el silencio de la noche y en
aquellos lugares tomaron un caracter de tanta magestad que me senti
profundamente conmovido; jamas me habian parecido tan sencillos a la par
que imponentes: su duracion fue demasiado corta para mi arrobamiento, y
largo tiempo despues que habian cesado, aun buscaba mi oido sus misticos
acordes. Apoderose de mi espiritu una dulce melancolia que se armoniaba
con la vaguedad de mi pensamiento y sobre todo con el respeto que me
inspiraba la belleza virginal de aquellos lugares. Muy en breve mis
companeros de viage se entregaron al reposo; los fuegos se apagaron;
crecio la oscuridad, y el silencio magestuoso de la selva era apenas
interrumpido por el susurro de las hojas levemente agitadas en la copa
de los arboles, o por el murmullo de las aguas. Solo yo habia quedado
despierto sin poder olvidar las felices impresiones de esta velada, cuyo
recuerdo ha venido mas de una vez en lo sucesivo a deleitar nuevamente
mi espiritu."

El trage que usan los indios moxenos para viajar, se compone solamente
de una camisa muy larga y sin mangas, hecha de la corteza del _bibosi_
que abunda, como ya se dijo, en las riberas del Mamore, principalmente
mas abajo de Exaltacion: la corteza de una especie de moral, que se
encuentra sobre las orillas de todos los rios vecinos al pais de los
Yuracarees, sirve tambien para lo mismo. Cuando transitan los indios por
tales parages, siempre se detienen para proveerse de camisas, haciendo
resonar todo un bosque por algunos instantes con el menudeo de los
hachazos y con el ruido que hacen los arboles al caer a los forzudos
golpes. Eligense de preferencia aquellos mas nuevos y menos nudosos,
cortando primeramente un pedazo para reconocer su calidad. Una vez
puesto en tierra el arbol escogido, se le arrancan los gajos, senalando
luego sobre el tronco el largo de cada camisa por medio de una incision
circular: despues de haber practicado una abertura longitudinal, se
introduce por debajo de la corteza un palo pequeno, bien liso y afilado,
para desprenderla de la parte lenosa sin desgarrarla. Terminada esta
operacion, resulta un corte de camisa, cuyas estremidades es menester
doblar para afuera con el objeto de separ la parte esterior, aspera y
dura, de la interior, blanca y compacta. Sin embargo, falta todavia el
trabajo de la preparacion, nada costoso por cierto, y al que se procede
de la manera siguiente. Cada indio trae consigo del bosque un trozo de
arbol sobre el cual coloca, en la orilla del rio, la corteza que debe
prepar; y provisto de un mazo cuadrado, estriado trasversalmente,
golpea sobre ella fuertemente, tan pronto con una mano tan pronto con la
otra, para desprender unas de otras todas las fibras: despues de haberla
maceado por ambos lados, la estira, lavandola en seguida en el rio:
vuelve luego a macearla todavia por algunos instantes, y finalmente la
estiende como una pieza de lienzo, no faltando mas, para que la camisa
pueda llenar su oficio, sino coserla por los lados y practicar una
abertura para hacer pasar la cabeza.

Hay en el pais de los Yuracarees una planta llamada _itira_, de la que
se sirven los Moxos para tenir de un morado escelente estas camisas.
Cuando las cortezas se encuentran ya preparadas, las doblan de un modo
particular, para empaparlas luego en aquella tintura, resultando de la
disposicion de los dobleces, cuadros cuasi perfectamente iguales. Todos
los navegantes indigenos que bajan de aquel pais llevan esta camisa
morada, y de lejos se creeria ver en ellos un coro de obispos.

Si en estas correrias llegan a encontrarse dos canoas de la misma
nacion, dividen los indios entre si, con un desprendimiento fraternal,
todo cuanto poseen: verdad es que todos ellos se consideran como
miembros de una sola familia cuando son oriundos de la misma nacion.

Los infelices indios gozan en Moxos de mucha menos libertad que en
Chiquitos, no teniendo un solo dia del que puedan disponer a su antojo;
pues los dias de reposo, como los domingos y otros de festividad, estan
enteramente consagrados a las practicas religiosas. El resto del ano se
les supone ocupados en beneficio del Estado, cuando no hacen realmente
sino trabajar sin descanso en provecho de los empleados; guardando
estos, en las exigencias del trabajo, todavia menos consideraciones con
las mugeres, que se resienten de ello, esterilizandose desde temprano.
Jamas se ha visto mayor esclavitud y despotismo bajo un gobierno
liberal. Es de advertir que antes de 1832 los gefes de la republica
ignoraban completamente lo que sucedia en las provincias apartadas del
centro, consideradas en cierto modo como posesiones particulares de los
empleados, a cuyos intereses cuadraba mucho el poco celo manifestado por
los supremos gobernantes.

Cada quince dias se distribuye una cantidad de algodon en pepitas, dando
a cada india un copo de veinte onzas que a la vuelta de quince dias debe
esta presentar hilado. La entrega se efectua del modo siguiente.
Colocase el cacique en la puerta del colegio con unas balanzas para
verificar si la madeja de hilo, que depone cada india al entrar, tiene
el peso exigido de cuatro onzas. A medida que van pasando instalanse las
indias bajo los corredores para devanar el hilo: terminada esta
operacion, las vuelven a llamar por lista a fin de verificar nuevamente
el peso y tambien la finura, dando de chicotazos a la que lo presenta
demasiado grueso. Recibe luego cada india, en cambio de su ovillo de
hilo, un pedazo de jabon fabricado en la misma mision. En Chiquitos ya
no se castiga a las mugeres desde el tiempo en que administro esta
provincia el gobernador Don Marcelino de la Pena. En Moxos la codicia de
los empleados ha perpetuado y aun multiplicado los rigurosos castigos
impuestos a los indigenas, y por la menor falta o por el mero antojo de
un administrador, de un cura o de un cacique, cuando no los atan a un
poste los hacen tenderse de barriga para azotarlos. Hay ejemplos de
indios que han sido castigados por haberse distraido y no saludado al
cacique.

Como los ganados abundan en Moxos, cada quince dias, en el dia sabado,
se hace una distribucion de carne. Se matan regularmente desde quince
hasta veinte animales, segun la poblacion de las distintas misiones.
Para proceder a esta distribucion, instituida por los Jesuitas, conducen
los pastores al matadero el numero de animales que es menester; y
despues de haberlos degollado, hacen tantas porciones cuantas son las
familias, colocando luego en hileras, sobre piebles tendidas por tierra,
todas estas porciones. El cacique por un lado y los alferes por otro dan
la voz a los interpretes para que llamen por secciones, primeramente a
todas las mugeres casadas, en seguida a las viudas, luego a las solteras
y a los ninos, que llegan a tomar su racion pasando por entre dos
hileras de _fiscales_ armados de un chicote para mantener el orden, el
cual es estrictamente observado.

Divierte mucho en estas ocasiones el ver la familiaridad de los
gallinasos, estos parasitos del hombre civilizado y del salvage, que se
acercan con una audacia increible como si reclamasen tambien su parte,
mezclandose con los indios y disputando muchas veces con ellos la
pocesion de un pedazo de carne. Uno de estos pajaros, que era el mas
atrevido de la banda, y muy conocido por algunas senales,
particularmente por que cojeaba, asistia siempre a las distribuciones de
Concepcion. Apenas comparecia por el aire, saludabanlo con gritos de
alegria todos los indios, para quienes era ya un objeto de diversion;
asi es que jamas se le hacia el menor dano. Este bien venido huesped no
habia faltado una sola vez en el espacio de diez anos consecutivos, y
estaba ya tan consentido que se llevaba la carne hasta de los canastos
de los indios.

El dia en que celebran la fiesta de la mision, se les dobla a los indios
la racion ordinaria: los administradores gozan entretanto del privilegio
de tener carne fresca cada dos dias. Todo este consumo reunido al
estraordinario que se hace para la provision de las canoas, cuando
viajan personas de alguna categoria, presenta en cada mision un total
poco mas o menos de quinientas a novecientas cabezas por ano.

En la mision de Baures y en la del Carmen, todavia se observa una
costumbre, ya enteramente olvidada en las otras misiones. Cuando llega
algun viagero de distincion, todos los indigenas van a visitarlo el dia
domingo despues de la misa, llevando cada cual un presente, que
consiste en cacao, vainilla, pieles de mono, patos, gallinas, o en
cualquier otra cosa que pueda llamar la atencion del forastero, quien a
su turno tiene que corresponder con otros regalos; mas si la fama abulta
sus liberalidades, el pueblo entero se agolpa a sus puertas, y es
menester valerse de un fiscal para poner fin a tal asalto de majaderias.

Las mugeres usan el tipoi[1] sin ningun adorno, pero de un tejido
bastante fino; algunas lo suelen llevar pintorreado de negro. Los indios
se visten lo mismo que las mugeres para asistir el domingo a los oficios
religiosos: unos y otros dejan sueltas sus cabelleras que estan
empapadas en un aceite, cuyo olor, difundiendose por toda la iglesia,
incomoda a los estrangeros. Uniformados de tal manera hombres y mugeres,
dificil es distinguir los sexos, sobros todo siendo estos indios
enteramente lampinos. El trage ordinario que usan los jornaleros, se
reduce a la camisa de corteza del bibosi, de que no ha mucho hice
mencion.

[Nota 1: Vease la lam. 10.]

En las misiones de Moxos, se emplea mucho mas tiempo que en Chiquitos
para las practicas religiosas. Los jovenes van manana y tarde a la
iglesia, a instruirse sobre la religion: a los ocho de la noche se reza
siempre el rosario en comunidad. Segun la costumbre establecida por los
Jesuitas, sacan el dia sabado en procesion a la virgen Maria, y dan una
vuelta por la plaza precedidos por un coro de danzantes adornados con
plumas, y cuyo aspecto grave forma un singular contraste con sus
ridiculos atavios[1].

[Nota 1: Esta costumbre de bailar delante de las procesiones, con la
cabeza cubierta de plumas, es general en todo el Peru, y tambien sobre
los altos llanos de los Andes.]

Es en la semana santa sobre todo cuando se puede tener una idea mas
completa de la exageracion a que han llegado en Moxos los actos
esteriores de la religion catolica. El domingo de ramos todas las
iglesias se encuentran dispuestas para los ejercicios de la semana, y
adornadas con varios grupos de estatuas pintadas, representando las
escenas de la pasion. La flagelacion, la coronacion de espinas, la via
sacra y finalmente la crucifixion, representadas por estos grupos,
ocupan el medio de la iglesia; mas, como los Espanoles han exagerado
siempre todo lo que es ostensible en materias de religion, apenas se
descubren formas humanas entre la multiplicidad de llagas y entre la
sangre de que se ven cubiertas las imagenes del Redentor.

Despues de las visperas, una tropa de indios, vestidos como volatines
con los colores mas vistosos recorren toda la mision haciendo de judios
que van en busca de Jesus. Dividense para ello en varios grupos, y por
donde quiera que pasan, se prosterna el pueblo delante de ellos. Por la
noche vuelve a reunirse la tropa y se pone en marcha, acompanada de la
musica mas triste. Los sonidos lugubres de las cajas destampladas, y los
tonos planideros de las flautas y de otro instrumento que produce
ciertos sonidos de _tremolo_, forman un acorde musical tristisimo. Este
instrumento, que se sopla de una manera particular y que solo se emplea
en esta circunstancia, se compone de un tubo largo, cuya estremidad esta
cubierta por una grande calabaza.

Llegado el miercoles santo, guardan todos los habitantes el ayuno mas
riguroso, es decir, que se abstienen absolutamente de tomar un solo
bocado; esto es a lo que llaman ayunar al _traspaso_.

El viernes santo se agolpan todos a la iglesia para oir el sermon de la
agonia que empieza antes de las tres de la tarde: en el momento de sonar
esta hora, llega el cura al punto en que espira el divino Salvador; la
iglesia resuena entonces con los golpes de pecho mezclados a los ayes de
dolor y a los arrebato de la desesperacion se dan contra el suelo, se
tuercen los brazos, se arrancan los cabellos, se hieren el rostro o se
sacan sangre a fuerza de azotes. Por la noche sale la procesion llevando
en andas los diferentes grupos de estatuas, y lodos todos los
habitantes, sin distincion de edad ni de sexo, van con las espaldas
desnudas dandose recios azotes con unas correas de cuero llenas de
nudos: segun las penitencias que se les ha prescrito, algunos indios se
azotan con disciplinas guarnecidas de pedazos de vidrio o de clavos
aguzados y en forma de gancho, que penetran en las carnes y que es
menester arrancar con esfuerzos, haciendo correr la sangre en
abundancia. Detras de la procesion, que da una vuelta muy pausada en
torno de la plaza, marcha una multitud de penitentes; los unos
arrastrando con sumo trabajo enormes y pesados lenos por medio de sogas
atadas a la cintura, y las que proposito estan cubiertas de gruesos
nudos que se meten en las carnes; los otros, andan de rodillas, llevando
al mismo tiempo sobre los hombros gruesas vigas a las que van amarrados
sus brazos abiertos en cruz. Muchos de ellos, en consecuencia de la
perdida de su sangre y de la total abstinencia de alimento, se quedan
desmayados sobre el sitio. Los indios de San-Xavier y los de Trinidad
son los mas fanaticos de toda la provincia: en esta ultima mision, un
indio anciano se presta voluntariamente para representar a Jesus, y el
jueves santo sale atado a una columna, y escoltado por una tropa de
judios armados de lanzas, de azotes y de otros instrumentos de suplicio,
con que es torturado sin misericordia en las cuatro esquinas de la
plaza. Don Matias Carrasco, gobernador que fue de la provincia, habla en
estos terminos, en su _Descripcion sinoptica de Moxos_, pag. 20. "En la
epoca de la cuaresma hacen estos naturales penitencias publicas, y es
tanto lo que se azotan, mortifican y maceran, que los mismos faquires de
la India quedarian admirados. Las estaciones del jueves santo sigue un
anciano que sacan de nazareno desnudo y amarrado a una columna escoltado
de un piquete de judios armados de lanzas, chicotes y otros
instrumentes, que le aporrean, escarnian y lo azotan con mano feral."

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