Descripcion Geografica, Historica y Estadistica de Bolivia written by Alcides de Orbigny
A >>
Alcides de Orbigny >> Descripcion Geografica, Historica y Estadistica de Bolivia
Pages:
1 | 2 |
3 |
4 |
5 |
6 |
7 |
8 |
9 |
10 |
11 |
12 |
13 |
14 |
15 |
16 |
17 |
18 |
19 |
20 |
21 |
22 |
23 |
24 |
25 |
26
Abandone en efecto los llanos abrasadores de la provincia de Moxos,
inundados una parte del ano; y embarcandome en una canoa, ayudado por
los indios Cayuvavas, los mejores remeros de la comarca, subi por el rio
Mamore hasta su confluencia con el Chapare, y por este, en seguida,
hasta su union con el Rio Coni. Finalmente, a los quince dias de una
penosa navegacion, durante los cuales no habia yo visto otra cosa sino
bosques, y la pequena parte de cielo correspondiente al profundo surco
abierto por los rios en medio de ese oceano de perenne verdor, vine a
encontrarme con la nacion de los Yuracarees, al pie de las ultimas
faldas de la cordillera oriental.
Las florestas virgenes del Brasil, que con tanta perfeccion y gracia ha
trasladado al lienzo el pincel de uno de los mejores artistas franceses,
en nada se parecen a las de los lugares donde yo me hallaba. En estos,
ayudada la naturaleza por un temperamento calido y constantemente
humedo, ha tomado un desarrollo tal, que no hay cosa que pueda
compararsele. El todo de la vegetacion cuenta alli cuatro anditos
diferentes. Arboles de ochenta a cien varas de elevacion forman una
perpetua boveda de verdura, frecuentemente esmaltada con los mas vivos
colores ya de las flores purpurinas, de que algunos arboles se hallan
enteramente revestidos, ya de las enredaderas, que caen como cabelleras
hasta el suelo. Alli es donde infinitas especies de higueras, de
nogales, y de moreras se confunden con una muchedumbre de arboles, cada
uno de los cuales representa un verdadero jardin botanico por las
plantas parasitas que los cubren. Debajo de este primer rango, y como
protegidos por el, se elevan a la altura de veinte a treinta varas los
troncos delgados y derechos de las palmeras, cubiertas de un follage muy
vario en sus formas, y de racimos de flores o de frutos que cortejan a
porfia los pajaros mas bellos. Mas abajo, todavia, crecen, como de tres
a cuatro varas de alto, otras palmas algo mas delgadas que las primeras,
y a las que el menor soplo de viento echaria por tierra; pero los
aquilones solo agitan la cima de los gigantes de la vegetacion, los que
rara vez permiten que algunos rayos de sol puedan llegar basta el suelo,
el cual se halla tambien adornado con las plantas mas variadas,
miscelanea de helechos elegantes a hojas recortadas, de pequenas palmas
con hojas enteras, y sobre todo de marrubios de una levedad y delicadeza
extraordinarias. No se halla un tropiezo debajo de esta sombra perpetua,
pudiendo uno recorrer todos los puntos sin ser molestado por los espinos
y las zarzas. ?A quien le fuera dado pintar este admirable espectaculo,
y exprimir las sensaciones que el infunde? El viagero se siente
transportado, su imaginacion se exalta; pero, si despertando de su
arrobamiento desciende dentro de si mismo, y osa medirse en cotejo con
una creacion tan imponente, cuan nulo y exiguo se encuentra! iY cuanto
entonces, por la conciencia de su pequenez y de su debilidad en
presencia de tamanas grandezas, viene a desmayar su orgullo!
Dejando estas bellisimas comarcas, di principio a mi ascension sobre las
montanas por entre mil precipicios, y a medida que me levantaba, veia
cambiar rapidamente a la naturaleza de forma y de aspecto. Los arboles
que se encumbraban hasta el cielo, las elegantes palmeras, y demas
plantas arboreas iban desapareciendo poco a poco: unos y otros eran
reemplazados por los zarzales, luego por algunas plantas gramineas, y
finalmente la nieve habia sucedido a los encantadores sitios de las
regiones calidas, que alborozan con su algazara mil pintados pajarillos.
Tres dias despues de haber dejado la zona torrida, pasaba la noche
tendido sobre la nieve, en un punto que esta casi al nivel del
Monte-Blanco.
Doce leguas de crestas enmaranadas, separadas por gargantas profundas,
detienen frecuentemente al viagero en medio de sus riscos; y cuando cae
la nieve en abundancia por la noche y llega a encubrir los desfiladeros,
es necesario aguardar a que el sol de algunos dias serenos la derrita
para ver despejados los senderos que, aun entonces, solamente en fuerza
de la habitud pueden encontrar los guias. La famosa gruta de
_Palta-Cueva_, colocada entre dos crestas que era preciso traspasar,
manifiesta bastante, por las osamentas de mulas que se ven por todas
partes en sus alrededores, lo peligroso que es el detenerse en ellos;
peligro dificil de evitarse por lo muy largo del transito y por lo
escabroso del camino. Palpando pues los danos a que se expone el
negociante, aventurandose a pasar, para transportarse a Moxos, por un
tal camino, el solo conocido a no ser que se anden como trescientas
leguas tocando de paso en Santa-Cruz-de-la-Sierra, forme seriamente el
proyecto de buscar nuevas y menos arriesgadas comunicaciones.
Baje rapidamente a los valles de la vertiente meridional, y atravesando
las lugares habitados por los indios Quichuas, me puse en la ciudad de
Cochabamba, donde a la sazon se hallaba el gobierno, al que presente el
proyecto que acababa de concebir. Aprobo el plan que me habia yo
propuesto, haciendome sin embargo entrever las dificultades que habria
que allanar, y los peligros a que yo me exponia en el corazon de
regiones desconocidas, en donde tendria que luchar a la vez con los
obstaculos de la naturaleza y con las naciones salvages. Pero inflexible
en mi determinacion, y hechos mis preparativos, emprendi un mes despues
este viage de descubrimiento.
El 2 de julio de 1832 sali de Cochabamba, dejando otra vez la
civilizacion de un pueblo para aventurarme nuevamente en el seno de los
desiertos, donde debia encontrarme solo conmigo mismo. Me acompanaban en
esta expedicion, mandados por el gobierno, un religioso encargado de
convertir a la fe cristiana a los salvages que encontrasemos, y el senor
Tudela, que debia seguir mis instrucciones para abrir el camino
proyectado, y entenderse en quichua con los indios conductores de
viveres.
Subi por la cuesta de Tiquipaya y llegue a unas altas planicies de donde
me encamine, por un llano que ocupaba la cumbre de la cordillera
oriental, hacia el punto culminante, que traspuse facilmente, y comence
a bajar dirigiendome al lugarejo de Tutulima. Yo habia pues pasado sin
obstaculos la cordillera, y ya una de las dificultades de mi empresa
quedaba allanada. Comparando este camino con el de Palta-Cueva y con
todos los puntos de mi transito anterior, me parecio que, si podia
continuar por tal senda hasta Moxos, esta nueva direccion reemplazaria a
la otra, con la grande ventaja de no exponer a tantisimos peligros, ni
al hombre ni a los animales.
El 8, despues de muchas dificultades, nacidas de la mala voluntad de mis
indios, deje Tutulima, ultimo punto habitado, para internarme en el
desierto y pisar una tierra virgen todavia. Conociendo, que me seria
imposible trepar por las escarpadas laderas, y que, con la variacion
este de 8 grados 28 minutos, la quebrada de Tulima, dirijida al
nornorueste de la brujula, me ofrecia un buen camino, me diriji por el.
Camine durante seis dias consecutivos por la misma quebrada, variando mi
direccion de norte a nornorueste, pero haciendo apenas cuatro leguas por
dia. Aumentabanse los obstaculos a cada paso, y no teniamos ni el tiempo
necesario ni los medios para allanarlos; era por tanto indispensable el
vencerlos. Tan pronto el torrente se hallaba de tal suerte encajonado
que nos veiamos forzados a trepar por las laderas y a andar de
precipicio en precipicio; tan pronto el desaguee de nuevos rios venia a
engrosar de tal modo ese mismo torrente, que teniamos que pasarlo y
repasarlo, luchando contra la corriente mas impetuosa y metiendonos en
el agua hasta la cintura. Aqui, era preciso construir una balsa para
atravesarlo, aculla, abrirse paso con hacha en mano por entre bosques
enmaranados.
Hasta entonces bien podia yo creerme sobre uno de los tributarios del
Mamore, y la direccion tomada era buena; mas de repente se presenta
delante de nosotros una cadena de elevadas montanas, y el rio por el que
seguiamos, recibiendo un otro curso de agua, que venia del estesudeste,
dio vuelta bruscamente hacia el nornorueste. Crei perdida toda
esperanza; pues indudablemente aun debia ser este un tributario del
Beni. Asi es que al siguiente dia, determine pasar la cordillera, y al
cabo de una penosa jornada y de muchas detenciones forzadas, llegue al
punto mas encumbrado de aquellas montanas; mas cual fue mi desesperacion
al encontrarme envuelto entre nubes, que nada de cuanto me rodeaba me
dejaban ver! Mi unica esperanza de suceso dependia de la eleccion que yo
hiciese de una corriente de agua, la cual solo me era permitido
reconocer desde la altura en que me hallaba: deje que mi tropa se
adelantase y me quede esperando. Una hora de inquietud se me hizo un
siglo y empezaba ya a desalentarme, cuando, por una dicha inesperada, se
entreabrieron las nubes un momento, y se me revelo un horizonte inmenso:
los ultimos repechos de las montanas, como surcos irregulares cubiertos
de arboles, bajaban serpenteando lentamente hacia un mar de verdura sin
limites, el cual era formado por las florestas de la llanura, que
contornean las montanas en un espacio de mas de cuarenta leguas. Seguia
yo avidamente con la vista, lleno de ansiedad, la direccion de las
profundas quebradas, buscando el punto de su reunion, para ver si
hallaba en el una via de agua navegable. Un rayo del sol vino a
revelarmela, haciendo brillar a una apartada distancia, y en la
direccion del norte 15 grados este, las sinuosidades de un rio en medio
de la selva. Era este, como el puerto que aparece al navegante al cabo
de una prolongada travesia; era el resultado de mis calculos, el triunfo
de mis ideas, un tributario en fin del Rio Securi, que yo habia dejado
cerca de la Trinidad de Moxos.
Por el espacio de dos dias continue, pero en descenso, por la cresta de
las mismas montanas, bajo una boveda perpetua de ramas entrelazadas que
forman una masa de veredura impenetrable al sol, y llegue a la poblacion
de los salvages Yuracarees, quienes me acogieron perfectamente en sus
cabanas, manifestandose decididos a cooperar a mis proyectos. Parti con
ellos luego, antes que este celo se enfriase, y me interne en el corazon
de la selva mas hermosa del mundo en busca de un arbol, que bastase el
solo para construir una canoa. Mis salvages, que conocian uno por uno
todos aquellos arboles, me llevaron en derechura hasta el mas grueso de
ellos, cuyo tronco, de veinticinco pies de circunferencia, quizas habia
visto pasar muchos siglos. A los golpes del hacha saltan luego sus
astillas, pero al llegar la noche solamente, y a impulsos de un trabajo
tenaz, cae por fin haciendo estremecer la tierra, derribando todo cuanto
encuentra por delante, y empujando unos objetos a otros, lleva la
destruccion a mas de doscientos pasos. Los golpes redoblados del hacha
hicieron resonar el bosque durante siete dias consecutivos; dirigia yo
entre tanto los trabajos de los indios y trabajaba a la par de ellos
para animarlos con mi ejemplo, hasta que el soberano de los arboles de
aquellos contornos se vio trasformado en una lancha bastante espaciosa.
Hubo despues que allanar, por entre el bosque, los obstaculos que se
oponian a su marcha, de cerca de un cuarto de legua, hasta lanzarlo
sobre el rio; lo que se efectuo victoriosamente. Me felicitaba ya del
buen exito de mis deseos; pues que para llenar la mision que me habia yo
impuesto, no me faltaba otra cosa que hacer sino bogar hacia Moxos.
Mis promesas determinaron a tres Yuracarees a seguirme hasta Moxos,
sirviendome de remeros; y sin mas provisiones que algunas yucas y otras
raices, nos pusimos en marcha, abandonando las selvas. Las aguas estaban
demasiado bajas y el rio lleno de saltos: en cuatro dias, solo pudimos
andar tres leguas hasta la confluencia del rio Icho. Metidos siempre en
el agua para arrastrar la canoa y casi descalsos, durante el dia eramos
devorados por las picaduras ponzonosas de los quejenes, a los que
reemplazaban, por la noche, enjambres de mosquitos mas encarnizados
todavia. Finalmente, en la confluencia en que los dos rios reunidos
forman el rio Securi, siempre navegable, me fue preciso abandonar del
todo los lugares habitados, y entregarme, casi falto de provisiones, a
las contingencias de una navegacion cuyo termino y obstaculos no me era
dado prever; sobre todo acompanado de gentes inexpertas, que, por no
saber guardar solamente el equilibrio, exponian a volcarse a cada paso
nuestra debil embarcacion. La abundancia reino desde luego, gracias a
los buenos resultados de la pesca y de la caza; pero, a medida que
adelantabamos, la selva se hallaba cada vez mas y mas desierta, y bien
pronto nos vimos reducidos al pescado, sin sal, por todo alimento. En
fin, despues de haber visto muchos rios considerables, todos ellos
desconocidos, reunirse al que surcabamos, y al cabo de tres dias de una
navegacion penosa, continuamente al rayo abrasador del sol, o expuestos
a las lluvias tan abundantes en las regiones calurosas, se presento
nuevamente delante de nosotros el Mamore en toda su grandeza. Entonces
me olvide de los pasados sufrimientos. Me encontraba en Moxos, blanco de
mis afanes, y a la manana siguiente, despues de una ausencia de cuarenta
dias, volvi a ver la capital de la provincia, donde apenas me
reconocieron, tal era la alteracion que los trabajos habian causado en
mi semblante.
Trazado el plano de este ultimo itinerario me daba menos camino que por
el Chapare, y a mas, habia yo descubierto un transito no tan arriesgado
como el de Palta-Cueva. Mis votos, en esta ocasion, se veian tambien
cumplidos; y me era permitido ofrecer al gobierno de Bolivia, en la
delineacion de una nueva via para sus transaciones comerciales, un
presente digno de sus beneficios; sin creerme por esto exento de la
imprescriptible obligacion de conservarle mi eterno reconocimiento.
Terminadas pues mis investigaciones en la provincia de Moxos, me
embarque nuevamente y volvi a subir por el Mamore hasta su confluencia
con el rio Sara, y en seguida por este hasta su reunion con el rio
Piray, el cual me condujo, al cabo de una molesta navegacion de quince
dias, al puerto de los Cuatro-Ojos, situado a treita leguas de
Santa-Cruz-de-la-Sierra. El 17 de noviembre de 1832, a los cincuenta
dias de permanencia en esta ciudad hospitalaria, me separe de ella
penetrado de reconocimiento por los muchos favores de que sus
habitantes me habian colmado. Dirigime de nuevo a las montanas, y
trepando hasta Samaypata me encamine a Chuquisaca, que distaba ciento
catorce leguas. Visite de paso las bellas comarcas de Valle Grande,
donde terminan los ultimos ramales de la cordillera oriental, y baje
luego hacia el Rio Grande, que recibe todas las aguas de las provincias
de Cochabamba, Mizque, Arque, Chayanta, y de una parte de las de la
Laguna y de Yamparaes en los departamentos de Cochabamba, de Potosi y de
Chuquisaca. Atravesando las montanas y los fertiles valles de las
provincias de la Laguna y de Yamparaes, y pasando sucesivamente por el
Pescado, por Tomina, Tacopaya, Tarabuco y Yamparaes, llegue finalmente a
la capital de Bolivia, antiguo asiento de la audiencia de Charcas, hoy
dia residencia de una corte suprema y de una universidad. La ilustrada
ciudad de Chuquisaca o La-Plata, circundada de montanas y de campos
cultivados, ofrece enteramente la misma temperatura de la Provenza, en
Francia, y podria producir los mismos frutos.
Dejando esta ciudad, atravese el Cachimayo y el Pilcomayo, y bien pronto
elevandome cada vez mas sobre las montanas llegue a Potosi, ciudad de
riqueza proverbial; la que por el producto extraordinario de sus minas
de plata, ha dado a la Espana una parte del lustre de que esta ha gozado
durante los ultimos siglos. Admire en ella sus grandes lagunas
artificiales, sus numerosos ingenios, su casa de moneda, y trepe luego
sobre su cerro cribado de boca minas, de las que han salido tantisimos
millares de pesos, sin que haya esto mejorado la condicion de los pobres
indigenas, instrumentos indispensables de esos penosisimos laboreos. En
la cumbre de este cerro, me halle ochenta varas mas arriba del nivel del
Monte-Blanco.
Despues de haber escrupulosamente examinado los alrededores de Potosi,
me dirigi a Taropaya, a Yocalla, y a la garganta de Tolapalca: en
seguida baje al profundo valle de Ancacato, que desemboca en el Lago de
Pansa, y continuando por el valle de Condor-Apacheta, me encontre en
unas llanuras espaciosas que me condujeron hasta Oruro, la segunda
Potosi, cuyas minas, ricas tambien en otro tiempo, cesaron mas pronto de
producir sus tesoros. La ciudad, bien decaida al presente, no suministra
ya sino metales de estano, o algun poco de oro arrancado, diremos asi, a
sus vecinas montanas.
Me encontre de nuevo sobre el llano Boliviano, la parte mas poblada de
aquellos parages. Alli es en donde el cultivo de las papas, por una
parte, y la cria de las llamas y de las alpacas por otra, han sido los
elementos de esa gran sociedad, que dominada por los Incas, civilizo a
todos los pueblos montaraces. En un viage que hice a la provincia de
Carangas, vi por todas partes, en medio de unas colinas paralelas,
abundantes en minas de cobre, los vestigios de la poblacion antigua:
jamas habia yo encontrado tantas _pucaras_ (antiguas fortalezas), y
tantos grupos de tumbas (_chulpas_) todavia en pie. Note sobre todo las
inmediatas al Crucero, cerca de Totora, y las de _Pataca-Chulpa_ (las
cien tumbas) cerca de Huaillamarca.
De regreso a Oruro, continue mi exploracion por el llano, y me encamine
por Caracollo, Sicasica y Calamarca hasta La Paz, de donde pase a
visitar Tiaguanaco, tan celebre por sus ruinas. Alli he visto edificios
inmensos que testifican una civilizacion tal vez mas adelantada que la
de los Incas, y que ciertamente debe serle anterior. Estos monumentos
son notables, sobre todo, por las enormes dimensiones de los pedruscos
tallados de que se compone su fabrica. En medio de una vasta llanura,
donde se eleva un tumulo a mas de cuarenta varas, se ven, rodeados de
pilastras colosales, los restos de algunos templos cuadrados mirando
hacia el oriente, que tienen como ciento ochenta varas de frente a cada
lado, y cuyos porticos estan cubiertos de bajos relieves chatos
representando el sol, y el condor su mensagero: se advierten tambien
alli, todavia, algunos fragmentos de estatuas gigantescas. Todos estos
monumentos, colocados muy cerca de las orillas del famoso lago de
Chucuito, cuna de Manco-Capac, son bien diferentes de los que se notan
en las islas de Coati y de Titicaca, donde fueron estos ultimos
edificados por los Incas, despues que llegaron ellos a verse duenos, por
la conquista, de los paises que habitaba la nacion Aimara, primera
simiente de la civilizacion de los Andes.
Habiendo recorrido con examen los contornos del inmenso lago de
Chucuito, que, situado a la altura de cuatro mil varas sobre el nivel
del Oceano, se extiende a mas de treinta y tres leguas geograficas de
largo sobre quince a veinte de ancho, presentando el aspecto de un
pequeno mar, volvi a pasar por la postrera vez la cordillera occidental,
dirigiendome al puerto de Arica. Mas de tres anos habia yo pues
empleado en la exploracion de la republica de Bolivia, y me aparte de
esa bella y rica parte del continente americano llevando conmigo, no
solamente materiales inmensos y de todos generos para hacerla conocer
bajo sus diversos aspectos, sino tambien el mas vivo agradecimiento
hacia su gobierno y hacia sus habitantes, que me habian siempre colmado
de civilidades, y dadome, junto con la hospitalidad, finas pruebas de
estimacion.
Despues de haber visitado los puertos de Islay y del Callao (Peru), me
embarque definitivamente en Valparaiso para pasar a Francia, en compania
de seis jovenes bolivianos, nombrados por su gobierno para estudiar en
Europa la metalurgia. Nos dimos a la vela en los primeros dias de
octubre de 1833, y a principios de 1834 volvi a ver mi patria despues de
una ausencia de ocho anos[1].
[Nota 1: En la parte historica de mi obra, _Voyage dans L'Amerique
meridionale_, puede verse mi itinerario completo.]
Pase inmediatamente a Paris, en donde me apresure a someter al juicio
del Instituto un album de mas de quinientas planchas iluminadas, que
habia yo dibujado en aquellos lugares, copiando de la misma naturaleza;
gran numero de manuscritos; e inmensas colecciones geologicas,
zoologicas y botanicas. Se nombro una comision compuesta de los senores
de Blainville, Geoffroy Saint-Hilaire, Adolphe Brongniart, Savary y
Cordier, y el 21 de abril de 1834 presento esta, sobre dichos
materiales, una relacion de la que copiare aqui algunos pasages.
ZOOLOGIA.--_Relatores, los SS. de Blainville y Geoffroy_.
"Por los detalles en que acabamos de entrar, detalles que habriamos
podido doblar y triplicar, siendo tan copiosos los materiales puestos a
nuestra disposicion, la Academia habra visto sin duda que las
observaciones zoologicas del senor de Orbigny, ya redactadas en parte y
frecuentemente acompanadas de figuras iluminadas, copiadas de lo
viviente, asi como las colecciones de animales en apoyo, deben llenar
muchos vacios que habia en nuestra coleccion; lo que adelantara
notablemente la zoologia de muchos puntos de Sud-America, muy mal
conocidos hasta el presente, como la Patagonia, las provincias del
Paraguay y las del alto Peru.
"Reconocemos que el senor de Orbigny ha tenido un acierto completo en
los espaciosos limites de su mision, de una manera tan importante para
nuestras colecciones como para la ciencia misma."
BOTANICA.--_Relator, el Sr. Adolphe Brongniart_.
"En fin, la tercera region que el ha explorado con un cuidado muy
especial, comprende toda la republica de Bolivia y algunos puntos del
Peru; ella abraza, entre los grados 13 y 22 de latitud sud, una
extension mayor que la de la Francia entera, y presenta las alturas mas
variadas, desde el nivel del mar al oeste y las llanuras inundadas de la
provincia de Moxos al este, hasta las cimas cubiertas de nieves
perpetuas de la parte mas elevada de los Andes.
"Tres anos ha pasado en esta interesante comarca, la que ha recorrido
por todas partes. En medio de las investigaciones de toda especie, a las
que este laborioso viagero se habia entregado, ha podido hallar todavia
el tiempo suficiente para recoger y preparar con cuidado mas de mil
seicientas especies de plantas, de entre las cuales muchas seran de un
grande interes para la ciencia.
"Esa inmensa cordillera de montanas, que costea el gran oceano Pacifico,
desde el cabo de Hornos hasta el istmo de Panama, esta bien lejos de
haber sido estudiada en toda su extension con respecto a sus
producciones naturales; Mutis, Ruiz y Pavon, Dombey, Haenke, y mas
recientemente los senores de Humboldt y Bonpland han explorado su parte
norte, desde Panama hasta Lima, es decir, hasta los 12 grados de latitud
sud. Por otra parte, Ruiz y Dombey antiguamente, y en los tiempos
modernos el infortunado Bertero, muchos botanicos ingleses y alemanes, y
nuestros compatriotas los senores de Urville, Lesson, Gaudichaud y Gay
habian estudiado con cuidado las riquezas vegetales de Chile desde los
30 hasta los 38 grados de latitud sud; pero todo el espacio comprendido
entre los 12 y los 30 grados de latitud austral, no habia sido visitado
por botanico alguno conocido. Es en esta parte sin embargo en donde se
encuentran las alturas mas elevadas de la cordillera de los Andes; es en
ella en donde las vastas planicies, vecinas al limite de las nieves
perpetuas, se extienden sobre una grande superficie. Es de esta region,
casi desconocida para los naturalistas, que el senor de Orbigny ha
visitado una grandisima parte, comprendida entre los 12 y los 22 grados
de latitud. Mas el no se ha limitado a recorrer solamente esa cadena de
montanas tan notable por sus producciones vegetales, ha estudiado
igualmente la vegetacion de las partes bajas y abrasadoras que se
extienden hasta las fronteras del Brasil; y si sus investigaciones sobre
otros ramos de historia natural no le han permitido, como nos lo dice el
mismo, recoger todas las innumerables plantas que encontraba en esos
parages, mas de mil seiscientas especies distintas, colectadas de un
modo muy inteligente en los sitios que podian presentar mayor interes a
la geografia botanica, testifican a un mismo tiempo su celo activo para
todos los puntos de las ciencias, y el tino que lo guiaba en aquellas de
que el no habia hecho un estudio especial.
"Muchas plantas recogidas, sea en las provincias centrales o sobre las
cordilleras, son evidentemente nuevas; y aunque seria preciso entrar en
un examen mas escrupuloso que el nuestro para fijar el numero con
exactitud, pueden contarse, sin riesgo de mucho engano, mas de
trescientas o cuatrocientas especies totalmente desconocidas, que ha
recogido en esta parte de su viage; y todas, nuevas o ya conocidas,
seran de un grande interes para la geografia botanica, suministrando un
eslabon que faltaba para unir la vegetacion de Chile con la del Peru y
con la de Colombia.
"Lo que da todavia mas valor a estos objetos, son las notas precisas
sobre las localidades, las alturas y los caracteres fugitivos de todas
esas plantas que ofrecen los catalogos del senor de Orbigny. Estas notas
y la atencion escrupulosa con la cual se ve que, en los lugares
importantes, este celoso viagero ha recogido las especies mas pequenas y
menos aparentes, prueban que el senor de Orbigny, aunque no habiendose
ocupado especialmente de botanica, no era estrangero a esta ciencia.
Pero restame senalar un verdadero trabajo cientifico, emprendido y
continuado por este naturalista con una perseverencia y un talento que
merecen los mayores elogios: quiero hablar de sus investigaciones sobre
las palmeras.
Pages:
1 | 2 |
3 |
4 |
5 |
6 |
7 |
8 |
9 |
10 |
11 |
12 |
13 |
14 |
15 |
16 |
17 |
18 |
19 |
20 |
21 |
22 |
23 |
24 |
25 |
26