Descripcion Geografica, Historica y Estadistica de Bolivia written by Alcides de Orbigny
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En el espacio que se recorre al quinto dia, se distinguen dos especies
de palmas[1], desconocidas en Moxos. Por la tarde, empiezan a mostrarse
en lo vago del horizonte las cimas de la Cordillera, que bien pronto
desaparecen detras de los inmensos bosques, despues de haber consolado
al pobre viagero cambiando la monotonia del paisage.
[Nota 1: Las _Geonoma Brongniartiana_ y _Macrostachia_.]
Al septimo dia, el aspecto uniforme y grandioso de este lugar, por en
medio del cual se sigue vogando lentamente, se embellece mas y mas, a
medida que se adelanta camino, y la vegetacion aparece mucho mas
variada: entretanto, apenas descienden de tiempo en tiempo algunos rayos
de sol por entre las densas nubes que constantemente encapotan el aire,
descargando a menudo torrentes de lluvia; circunstancia que, unida al
excesivo calor de aquella zona, determina esa maravillosa actividad con
que se desarrollan todas las plantas, llenas de vigor y lozania.
En esta misma jornada el bosque ostenta el hermoso follage de un gran
numero de palmas de nuevas y diferentes especies, entre las cuales se
distinguen la palma _vina_ y la de _vinte pes_. El rio se manifiesta
entretanto mas angosto, y ya se advierten sobre sus orillas algunas
otras plantas, como las canas y los lisos, cuyas hojas blanquizcas
resaltan sobre el fondo oscuro del sombrio boscage.
Al llegar la noche del octavo dia de navegacion, se advierten ya sobre
la playa los primeros guijarros: esta circunstancia suele regocijar en
estremo a los indios moxenos, no solamente por que ella es un anuncio de
la proximidad del pais de los Yuracarees, sino tambien por la novedad
que les causa la vista de un objeto enteramente desconocido para ellos;
pues como ya dije, no se encuentra en la provincia de Moxos el mas
minimo pedernal; por cuya razon siendo los guijarros un verdadero
hallazgo, los recogen, sea para sacar fuego, sea por mera curiosidad,
con la misma importancia con que recogerian piedras preciosas. Toda vez
que un objeto nuevo hiere nuestros sentidos, esperimentamos al punto una
satisfaccion, un contento inesplicables: asi los naturales de Moxos se
extasian contemplando los pedregales, como un habitante de las montanas
se anima a la vista de los hermosos arbolados, como un Cruceno siente un
gozo desconocido en presencia de las rocas. En esta misma jornada las
playas se ensanchan, las montanas parecen aproximarse mas y mas, y las
riberas se manifiestan cubiertas enteramente, tan pronto de vejucos
matizados de flores ya amarillas ya moradas, tan pronto de innumerables
palmeras, de vainilla y de otras plantas aromaticas, tan pronto de esos
arboles desconocidos, cuyas copas, totalmente despojadas de follage, no
contienen sino flores purpurinas las mas vistosas. Todos los lugares por
donde se transita en esta jornada, ofrecen a la admiracion del viagero
un conjunto grandioso de maravillas. Entretanto, solo a la manana
siguiente se avista la confluencia de los rios Coni y de San-Mateo, de
cuya reunion se forma el rio Chapare: la corriente de este es rapida en
este punto y ya acarrea piedras de algun volumen. El rio de San-Mateo
corre con estrepito sobre un lecho pedregoso y por entre magnificos
boscages; mas para ir a Yuracares se sube el rio Coni que es menos
considerable y sobre todo poco profundo. Barcos de vapor de todos
tamanos pueden navegar sin obstaculo por el Chapare, basta la embocadura
de los dos rios que le dan origen. Cuando se entable la navegacion de
aquellos rios, y el trafico directo del comercio de esas regiones con la
Europa, este punto, que esta al abrigo de las inundaciones, podra servir
ventajosamente para el establecimiento de un puerto, donde se embarcaran
los frutos procedentes de las montanas situadas al nordeste de
Cochabamba, y de Valle-Grande.
La subida por el rio Coni es bastante trabajosa, porque hay que luchar
contra una corriente a veces rapidisima, y salvar muy a menudo algunas
cachuelas cubiertas de guijarros: entre tanto el espectaculo que
presentan las orillas es siempre el mismo, imponente a la par que
risueno. Finalmente, a los once dias de marcha se hace alto sobre la
ribera izquierda, y echando pie a tierra se caminan tres leguas por
entre el bosque mas hermoso del mundo, siguiendo el rumbo de un estrecho
sendero que conduce al pueblecillo de la Ascension de Isiboro,
perteneciente al pais de los Yuracarees.
_Camino de Yuracares a Moxos, por el rio Securi._
Cuando en el ano de 1832 me propuse abrir una nueva via de comunicacion
entre el pais de los Yuracarees y la provincia de Moxos, emprendi mi
viage por el siguiente itenerario. Baje primeramente al rio Moleto,
donde me embarque en una canoa que habia yo mandado construir para el
efecto. Las aguas de este rio estaban muy bajas, y a cada paso
tropezabamos ademas con las cachuelas de que esta lleno; por cuya razon
empleamos tres dias para llegar a la confluencia del rio Icho que solo
dista tres leguas. Metidos casi siempre en el agua para arrastrar la
canoa y enteramente descalzos, durante el dia nos veiamos atormentados
por las picaduras ponzonosas de los jejenes a los que reemplazaban por
la noche enjambres de mosquitos mas encarnizados todavia. Mis companeros
de viage se quejaban con mucha razon, y solamente el ejemplo de mi
resignacion y mi constante cooperacion a sus trabajos podian darles el
animo suficiente para seguir adelante. En este intervalo, el rio Moleto
recibe por la parte de oriente las aguas del _Ipuchi_, y por la de
occidente las de los rios _Solotosama_ y _Enesama[1],_ que corren por
entre colinas bajas, mas prominentes hacia el oeste. Estas colinas no
son otra cosa que las ultimas faldas de la Cordillera.
[Nota 1: El nombre de este rio se compone de dos palabras del idioma
yuracares: de _ene_ (nombre del pescado conocido en otras partes bajo el
nombre de _sabalo)_ y de _sama_, que significa _rio_: es decir, rio _de
los sabalos._]
En la confluencia de los dos rios que forman el rio Securi, las aguas se
ensanchan y su hondura es mayor; sin embargo, para poder navegar en
grandes barcas, es menester que sean estas de poco fondo. Encontramos en
este punto algunos indios ocupados en la pesca, y que se determinaron a
seguirnos: bien pronto aconsejandonos hacer alto, nos mostraron detras
de unas zarzales de la ribera izquierda un sendero que no hubieramos
podido descubrir desde el rio. Encaminandonos por el, encontramos en
medio de un bosque, a un cuarto de legua de distancia, unas cuantas
casas que tenian un piso alto, construccion propia para el lugar que me
parecio muy humedo. Con la esperanza de conseguir algunos platanos y
raices de mandioca, unicas provisiones que se encuentran en aquellos
lugares salvages, me instale desde luego en una de esas casas,
recientemente abandonadas por sus habitantes, quienes se habian
transferido diez leguas al oeste, huyendo de una enfermedad que segun
ellos existia en el lugarejo. Al siguiente dia, a poco mas de las once,
viendo que aun no volvian los comisionados que habian salido en busca de
viveres, resolvi regresar al rio para embarcarme y proseguir mi viage;
pero no tardaron mis tres indios en llegar tras de mi con algunas
provisiones. Inmediatamente nos pusimos en marcha, dejando el pais de
los Yuracarees y vogando resueltamente hacia regiones desconocidas.
En el espacio de una legua tuvimos que salvar algunos encalladeros, y
despues de haber dejado atras un islote guarnecido de arboles,
encontramos el rio ya franco y totalmente desembarazado. Entonces llegue
a conocer que seria muy facil la navegacion de esta corriente, aun para
las embarcaciones de vapor. Este punto, cuyos terrenos son los mas
feraces que pudieran encontrarse, me ha parecido muy conveniente para el
establecimiento de un puerto cuando lleguen a entablerse las
comunicaciones comerciales con la provincia de Moxos. El rio es
abundantisimo en pescados: cada vez que echabamos nuestros anzuelos, sin
perdida de tiempo sacabamos de a pares enormes pescados, entre los que
se distinguian principalmente los pertenecientes a la familia de los
_siluroides_, y tambien los numerosos _pacus_, pez de los mas esquisitos
de America[1]. Al dia siguiente, despues de haber evitado algunos
hacinamientos de troncos que obstruian el paso en algunos parages, el
rio fue ensanchandose poco a poco, y su profundidad llego a ser mayor:
los jejenes desaparecieron, las palmas vinas eran mas raras, hasta que
fueron reemplazadas por las palmas motacues. Cada banco de arena se veia
cubierto de rayadores, de gaviotas y de _caprimulgus_, que anidan en las
playas, depositando simplemente sus huevos sobre la arena.
[Nota 1: En este parage del rio saque un pescado que tenia dos varas de
largo. Este animal, conocido en el Brasil bajo el nombre de _pirarara_,
es un _siluroide_ muy largo, que tiene la cola roja, el vientre amarillo
y la parte de encima de un color pardo negruzco.]
Las jornadas se sucedian lentamente por las frecuentes paradas que
hacian mis remeros, los que a pesar del ascendiente que yo habia llegado
a tomar sobre ellos, saltaban muchas veces a tierra, sin querer
obedecerme, para perseguir por entre los bosques, ya las bandadas de
pavas del monte, ya los javalies, ya una tropa de grandes marimonos, que
agenos de conocer el dano parecian salir a nuestro encuentro brincando
alegremente por sobre los arboles, hasta que una tardia y dolorosa
esperiencia les ensenaba a desconfiar del hombre.
Entretanto, las riberas se veian constantemente animadas por toda
especie de animales selvaticos, que salian de los bosques a retozar
sobre la playa o sobre los arboles de los ribazos. Muy a menudo un
gran-bestia, sorprendido de improviso con nuestra llegada, se ponia
precipitadamente en fuga; otras veces un carpincho, deslizandose con
presteza de la barranca, se escondia en el agua; mas lejos, un ciervo
dormido, despertando de pronto, echaba a correr por entre el bosque
volviendo de tiempo en tiempo la cabeza para examinarnos de nuevo. De
vez en cuando oiamos tambien a la distancia el bramido del tigre.
Al cabo de algunas jornadas de marcha por la corriente profunda, pero
poco rapida del rio Securi, llegamos a la confluencia del rio que los
Yuracarees llaman _Yaniyuta_, el cual, bajando del este, viene a dar mas
ensanche al Securi. La abundancia de viveres que habia reinado hasta
entonces, gracias a la buena pesca y a la caza, nos fue abandonando poco
a poco; pues la selva iba siendo cada vez mas desierta, y por otra
parte, la polvora que yo llevaba alterada sin duda por la humedad, se
habia puesto inservible; por manera que bien pronto la falta de caza nos
redujo al pescado sin sal por todo alimento, y mas tarde a unas pocas
espigas de maiz que nos proporcionaron los Yuracarees, y a los palmitos
que pudieron derribar mis indios.
Lo largo del camino y la monotonia de esta navegacion empezaban ya a
desalentarme cuando el 8 de agosto, a eso de las once de la manana,
llegamos por fin a la confluencia de un rio que baja del oeste, y es
mucho mas considerable que el Securi. Los Yuracarees le dan el nombre de
Isiboro, y segun el decir de los que me acompanaban, esta caudalosa
corriente, formada de los rios _Isiboro, Samucebete_ y _Chipiriri_,
recibe todas las aguas del vertiente oriental de la cadena del
_Iterama_ o del Paracti, comprendidas entre el rio San-Mateo, y el rio
Yaniyuta, por delante del cual habiamos pasado tres dias antes. Viendo
pues que el rio Securi tomba ya un ensanche igual al que habia yo notado
en el punto de su confluencia con el Mamore, recobre el animo, esperando
llegar bien pronto a encontrarme con este rio.
Al siguiente dia se deslizaba tranquilamente nuestra canoa por entre
islas guarnecidas de bosques, cuando se presento derrepente, posada
sobre un arbol del ribazo, la mas hermosa, la mas corpulenta, la mas
noble de todas las aves de rapina, una verdadera harpia[1], que
levantaba su bello copete, mirandonos detenidamente sin parecer
inquietarse de nuestra presencia. No pudiendo hacer uso de mi escopeta
por falta de buena polvora, deje a la destreza de mis Yuracarees, que
saltaron inmediatamente a tierra, la gloria de capturar aquel soberbio
animal. Uno de ellos le aserto desde luego un flechazo: a pesar de este
golpe, echose a volar el pajaro; pero embarazado con la flecha que
llevaba clavada, (la cual tenia como dos varas de largo) cayo bien
pronto dentro del bosque a donde la siguieron mis cazadores. Me
regocijaba ya con la idea de poder llevar a Francia esta rara presa,
cuando vi regresar a mis indios trayendo el pajaro con la cola y las
alas enteramente desplumadas, y el cuerpo casi pelado. Los Yuracarees
estiman en mucho las plumas de este pajaro; ya para empenar sus flechas,
ya para adornarse en los dias de gala[2]; asi es que sin perder tiempo
se habian apoderado de ellas, dejando burladas mis esperanzas. Despues
de haberlos renido asperamente por esta conducta, ordene que me tragesen
al animal, que creiamos muerto; y sentado en la canoa lo coloque delante
de mi. Aturdido solamente por los golpes que habia recibido en la
cabeza, volvio en si poco a poco sin que nos apercibiesemos de ello, y
cuando yo menos lo pensaba, se arrojo sobre mi, haciendome de un solo
golpe ocho heridas con sus enormes garras, una de las cuales, de mas de
tres pulgadas de largo, me atraveso el brazo de parte a parte, entre el
_cubitus_ y el _radius_, desgarrandome uno de los tendones. A los gritos
que di, acudieron mis companeros de viage, y lograron con muchisimo
trabajo quitarme de encima al furioso animal. Banado en sangre y sin
medicamentos para curar mis heridas, mi estado no dejaba de ser
peligroso. Entretanto, continuamente espuesto al calor del dia o a la
nociva humedad de la noche, la fiebre se apodero bien pronto de mi. Por
otra parte el temor de que me atacase un pasmo, y la duda de si quedaria
estropeado por causa de la adherencia de la piel al tendon, aumentaban
sobremanera mis sufrimientos. Gracias a la Providencia el solo mal
positivo que me resulto de todo esto, fue la imposibilidad de servirme
de mi brazo durante algun tiempo.
[Nota 1: El _Falco destructor_. Esta especie es de un tamano casi doble
que el de la aguila real de Europa. Vease la lam. 13.]
[Nota 2: Empenan sus flechas con las grandes: las pequenas se las
ponen a modo de peluquin empolvado.]
En la noche de ese mismo dia llegamos a la confluencia del rio Sinuta,
ultimo tributario occidental del Securi. Saliendo de este punto, hicimos
todavia dos jornadas mas, y mis inquietudes ya tocaban a su colmo,
cuando se presento por fin el rio Mamore, desplegando a nuestra vista
toda su grandeza. Inmediatamente di al olvido mis padecimientos, pues me
encontraba en Moxos, blanco de mis afanes, y al dia siguiente, despues
de haber remado toda la noche vogando rio abajo, desembarcamos en
Trinidad, capital de la provincia.
Habiendo hecho el plano de este itinerario, resulto claramente, como yo
lo esperaba, que el nuevo transito practicado por mi era mucho mas
corto, y no tan peligroso como el de Palta-Cueva.
_Camino de Moxos a Santa-Cruz de la Sierra por el rio Grande y el rio
Piray_.
Para encaminarse de Loreto, ultimo punto habitado de la provincia de
Moxos, hacia Santa-Cruz de la Sierra, es necesario hacer primero, lo
mismo que para ir a Cochabamba, un transito de tres dias hasta la
confluencia de los rios Sara y Mamore. Se sigue luego por el primero de
estos rios, que no es otro que el rio Grande cuyo numbre cambia
momentaneamente en la confluencia del rio Piray hasta el punto de su
reunion con el Mamore. Sus aguas rogizas forman un contraste con las
cristalinas de este ultimo: por lo demas, las riberas del rio Sara
presentan, aunque con menos terrenos bajos, absolutamente el mismo
aspecto; pues se hallan cubiertas de igual modo que las del Mamore, de
bosques muy variados por la diversidad de arboles de que se componen, y
entre los que sobresalen las palmas motacues. Solo en la estacion de
seca se ven a descubierto los altos ribazos de esta corriente;
entretanto, la linea del nivel a que alcanzan las inundaciones, queda
siempre marcada sobre los troncos de los arboles inmediatos, como a una
vara de altura desde su pie.
Al fin de la quinta jornada, se presenta la confluencia del riachuelo,
llamado _Maravo_, que baja por la izquierda, de las llanuras inundadas.
En la manana de la sesta jornada se pasa la confluencia del rio Ibabo,
cuyas fuentes se encuentran en Tasajos, en Pampa-Grande y en Vilca,
puntos de las montanas de la provincia de Valle-Grande. Esta corriente
formada de los rios Surutu y Yapacani, toma el nombre de Ibabo cuando
baja a serpentear por la llanura, siendo navegable hasta el pie de las
montanas. Al cabo de una jornada de navegacion por el rio Sara, se llega
a la confluencia del rio Piray. En tiempo de los Jesuitas se subia por
el rio Sara o rio Grande hasta el lugarejo de Payla, situado al este de
Santa-Cruz; pero este camino, que obligaba a los viageros a dar una
vuelta considerable, siendo al mismo tiempo no poco peligroso en tiempo
de crecientes por causa de las avenidas que ocultan enteramente el alveo
del rio, ha sido abandonado, haran como cincuenta anos, para dirigirse
mas bien por el Piray, el cual, aunque mucho mas angosto que el rio
Grande, es menos propenso a las crecientes devastadoras; razon por la
que se le prefiere aun a pesar de los saltos que suele tener en tiempo
de seca. Es probable que cuando las endebles canoas sean reemplazadas
por barcos de vapor, se volvera a tomar el rio Grande, abandonando el
Piray, menos conviente para la navegacion de grandes embarcaciones.
En los dias septimo y octavo del viage se sube el Piray, con muchisimo
trabajo si la estacion es de seca: el alveo de este rio, bastante
profundo desde luego, se halla de trecho en trecho obstruido por arboles
que las corrientes amontonan, o por espigones permanentes en el fondo
del rio, contra los que tropiezan a menudo las canoas; lo que ocasiona
no pocos desastres. Sobre el espacio que se recorre en estas dos
jornadas se ven ademas algunos puentes construidos por los salvages
Sirionos[1], que moran en las selvas circunvecinas, sin jamas inquietar
a los naturales de Moxos. Hasta llegar a la undecima jornada se tienen
que salvar sucesivamente muchas cachuelas, formadas por una especie de
saltos de arcilla amarilleja endurecida; esto obliga a perder un tiempo
considerable por la necesidad que hay de descargar las canoas, para
hacerlas subir por en medio de la corriente, tirandolas con sogas. Al
ejecutar esta maniobra, algunos de los indios que tienen precision de
caminar por entre el agua, suelen ser gravemente heridos por el punzante
aguijon de las rayas armadas[2]. Tienen estos pescados en la cola, como
las pastinacas de las costas maritimas de Francia, una lanceta de cuatro
pulgadas, muy filosa, y guarnecida de dientes retorcidos para adentro
con los que desgarran las carnes, causando dolores agudisimos y muchas
veces ataques de tetano: por desgracia estos accidentes son muy comunes,
sobre todo en las cabeceras de los rios. En tiempo de crecientes, cinco
o seis varas de agua cubren estos puntos salientes, y se pasa entonces
por encima de ellos sin que se les eche de ver.
[Nota 1: Vease la lam. 12.]
[Nota 2: Vease la lam. 14, fig. 1.]
A la duodecima jornada, los bosques de las riberas del Piray cesan de
pronto, y son reemplazados por unos pantanos a donde vienen a perderse
dos riachuelos, el de _Palacios_ y el _Palometas_, que nacen en la
llanura de Santa-Cruz de la Sierra. Estos pantanos o banados anuncian
que ya no dista mucho el termino del viage.
Al decimocuarto dia se pasan de seguida, una tras otra, cuatro
cachuelas, no lejos de las cuales se presenta el puerto situado sobre la
ribera izquierda, y que no tiene mas habitacion que un espacioso rancho
techado con hojas de palma: desde este puerto, separado del lugarejo de
los Cuatro-Ojos por un hondo pantano que tiene como una legua de largo,
hay que andar todavia treinta leguas para llegar a Santa-Cruz de la
Sierra. En la estacion lluviosa se emplean solamente diez dias para
hacer este camino, subiendo por el Piray; y seis dias, yendo rio abajo
desde Cuatro-Ojos hasta Loreto.
POBLACION.
Si comparativamente a lo que dije en la primera epoca de la historia de
Moxos antes de la llegada de los Espanoles, trato de saber en lo que han
venido a parar las naciones primitivas de aquellas comarcas, hallare los
resultados siguientes.
_La nacion de los Moxos_ ocupa todavia los lugares que antes habitaba,
con la sola diferencia de encontrarse reunidos en las misiones de la
provincia de la manera que sigue.
Muchojeones del Carmen. 230
Baures del Carmen de Moxos. 362
" de Concepcion de Moxos. 3,126
" de San-Joaquin de Moxos. 690
" todavia salvages. 1,000
------
5,178
Moxos de Loreto de Moxos. 2,145
" de Trinidad. 2,604
" de San Xavier. 1,515
" de San Ignacio. 1,948
------
8,212
------
Total. 13,620
Se ve pues por esta esposicion que si la cuasi totalidad de los Moxos se
halla sometida al cristianismo, todavia existen algunos en el estado
salvage: estos (de lo cuales un pequeno numero pertenecio a las
misiones, en tiempo de los Jesuitas) viven divididos en familias
establecidas no lejos del rio Guapore, y al este de las misiones de
Concepcion y del Carmen, sin comunicarse jamas con sus compatriotas
convertidos. Se ve tambien el numero relativo de las diferentes tribus
de los Moxos, Baures y Muchojeones, y puede calcularse la importancia
que debe tener, en el seno de un pais anegado, una nacion cuyos
habitantes aun pasan de trece mil, hablando todos ellos el dialecto
moxo.
Acostumbrados a la obediencia, los Moxos tienen un caracter bondadoso,
sociable, alegre, y mas que todo paciente; pero asi como estan siempre
en disposicion de reir por la menor frusleria cuando se hallan
entregados a si mismos, de igual modo la servidumbre los ha hecho
timidos y taciturnos en presencia de los superiores.
Estos naturales tienen una aficion particular por el dibujo, la que no
deja de estar acompanada de bastante habilidad: sus pinturas representan
animales y plantas regularmente copiadas. Escultores, torneros ,
carpinteros, tejedores practicos, fabrican infinidad de objetos
curiosos que se llevan para vender en algunas ciudades del Peru. Muchos
de entre ellos han aprendido el espanol y saben escribirlo muy
correctamente: en una palabra, la nacion de los Moxos es quizas la mas
susceptible de civilizacion. Entre todos los indios de la provincia, los
Moxos son en la actualidad, no solamente los catolicos mas decididos,
sino que llevan el fanatismo a tanto, que todos los anos, en la semana
santa, se les ve regar las plazas publicas con la sangre que se sacan a
fuerza de azotes. Son igualmente supersticiosos en sumo grado.
_La nacion de los Itonamas_ se encuentra totalmente sometida, y no queda
un solo salvage. En 1830 se contaban:
En Magdalena. 2,831
En San-Ramon. 1,984
Total. 4,815
Estos indios, de cuyo caracter he hablado ya mas de una vez en los
capitulos anteriores, conservan todavia sus inclinaciones y costumbres
primitivas, que la religion catolica no ha podido desarraigar. Los
tegidos que ellos fabrican son los mejores de la provincia. La lengua
itonama esta siempre en uso en ambas misiones.
_La nacion de los Canichanas_, enteramente cristiana, forma hoy en dia
la mision de San-Pedro. El numero de su poblacion alcanzaba en 1830 a
mil novecientos treinta y nueve individuos[1].
[Nota 1: Segun el P. Eguiluz, en 1694 este numero era de cuatro a cinco
mil. Es de creer que los misioneros hayan exagerado considerablemente la
poblacion de cada una de sus misiones, o que todas las naciones hayan
disminuido desde entonces por lo menos de una mitad.]
Estos naturales han conservado hasta hoy, en el seno mismo de las
misiones, muchas de sus antiguas costumbres, y son todavia el terror de
las otras naciones, cuyos campos devastan robandoles todos sus frutos,
sin que se atrevan estas a aventurar una sola queja por el miedo
estramado que les tienen. Los Canichanas son bruscos, y jamas usan de
cortesia con los estrangeros. Actualmente su poblacion es la menos
industriosa de la provincia, y la sola que se alimenta con la carne del
caiman, para cuya caza se vale de mil ardides.
Profesando el catolicismo, no han podido desprenderse de una infinidad
de supersticiones de su condicion salvage: son por otra parte muy malos
cristianos. El lenguage de que hacen uso es el mismo de su estado
primitivo.
_La nacion de los Movimos_ ha sido reunida por los Jesuitas en la mision
de Santa-Ana: no queda de ella un solo salvage. Segun el padron del ano
de 1830, su poblacion ascendia a mil docientos treinta y ocho
individuos. Estos indios se egercitan en la caza, la pesca, la
navegacion y la agricultura. Su industria, poco mas o menos igual a la
de los Moxos, aun no ha llegado al mismo grado de adelanto, a escepcion
solamente de los tegidos.
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