Descripcion Geografica, Historica y Estadistica de Bolivia written by Alcides de Orbigny
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Alcides de Orbigny >> Descripcion Geografica, Historica y Estadistica de Bolivia
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_Camino de San-Pedro a Santa-Ana._
Hay veinticinco leguas, en linea recta al nordeste, de San-Pedro a
Santa-Ana; mas, como alli generalmente se viaja en canoas, los numerosos
giros del Mamore hacen doble la distancia, por cuya razon es menester
emplear en este transito dos dias cuando se anda rio abajo, y tres o
cuatro cuando se tiene que subir. Saliendo de San-Pedro, se camina hacia
el este como una legua de llanuras hasta pasar por un puente el arroyo
de Tamucu, no lejos del cual se encuentra el puerto en un banado
bastante grande, sobre cuyos bordes aparece la casucha del guarda: se
andan todavia tres cuartos de legua, cruzando por este banado hasta que
se presenta el Mamore, el cual se costea hasta la embocadura del rio
Tijamuchi, situado sobre la ribera izquierda. Este rio, que baja de las
cordilleras, tiene como cien varas de ancho y es bastante profundo;
circunstancias que lo hacen navegable en todo tiempo hasta para los
barcos de vapor. Por ser su giro demasiado tortuoso, se emplean cinco o
seis dias para subir por el hasta San-Ignacio. Algo mas abajo de la
embocadura del Tijamuchi, forma el Mamore un gran recodo, facil de
evitar entrando en un banado que se presenta sobre la orilla izquierda,
y cuyas aguas, casi siempre corrompidas en algunos parages, causan
fiebres intermitentes, al paso que ostentan en algunos otros, numerosos
grupos de la magnifica planta llamada victoria. A pocas leguas de alli,
dividese el Mamore en tres brazos, que forman islas anegadas, por entre
las cuales se transita con muchisima dificultad, tropezando con arboles
flotantes, arrancados por las corrientes. Algo mas adelante, se pasa por
en frente de la arruinada mision de San-Pedro, de la cual no han
quedado mas vestigios que algunos cacahuales. Ya no presentan las
orillas del Mamore en este punto, esa belleza salvage tan notable cerca
de la confluencia del rio Itenes. Aparece luego por el este, a una
distancia bastante grande, mas abajo de los tres brazos del Mamore, la
embocadura del rio Apere, apartado como una jornada de navegacion de su
tributario el rio de San-Jose: ambos rios son navegables para barcos de
alguna carga, hasta el pie de las montanas. Por el mismo lado desemboca
tres o cuatro leguas mas abajo el rio Yacuma, tambien navegable como los
anteriores, y cuyo profundo alveo tiene como de setenta a ochenta varas
de ancho; sus margenes, guarnecidas de matorrales, no contrastan
notablemente con las llanuras circunvecinas, que se hallan cuasi
desnudas de boscage: tres cuartos de legua mas adelante, se llega a la
confluencia del rio Rapulo, el que no por ser mas angosto deja de
ofrecer las mismas facilidades para la navegacion, pues en tiempo de los
Jesuitas se subia por el hasta la mision de San-Borja. Finalmente un
poco mas arriba de dicha confluencia, se presenta la mision de
Santa-Ana, situada entre estos dos ultimos rios, un cuarto de legua
distante del Yacuma.
SANTA-ANA.
En 1700, cuando los Jesuitas fundaban la mision de reyes, no lejos del
rio Beni, creyeron conveniente formar al mismo tiempo la de Santa-Ana,
para fomentar en lo posible la navegacion de aquel rio. Esta mision,
poblada por la nacion movima, tuvo su asiento una legua mas al oeste del
sitio que actualmente ocupa; y fue transferida, so varios pretextos, en
tiempo de los gobernadores espanoles. Al verla tal cuales hoy dia, desde
luego se conoce que no ha sido obra de los Jesuitas: empero, a pesar de
su colocacion en medio de una llanura, y de la temporaria inundacion de
sus contornos, nada tiene de insalubre. Las casas de los indigenas estan
en desorden, y la puerta de la iglesia en vez de dar sobre la plaza,
mira hacia el campo. La industria se encuentra muy poco adelantada; y
los terrenos de cultivo estan confinados en el interior de algunos
bosquecillos, sobre las riberas del Rapulo y del Yacuma; posee sin
embargo esta mision hermosos establecimientos para la cria de ganados.
Sus habitantes, que en 1831 ascendian a mil ciento cincuenta y seis, son
muy notables por sus hermosas proporciones: la vigorosa corpulencia de
las mugeres y hasta sus facciones, aun en la juventud, nada tienen de
femenino. Entre tanto, el caracter de los Movimas es apreciabilisimo por
su bondad y mansedumbre, calidades que llevan pintadas en el semblante
con signos inequivocos.
La pobreza de los trages de las mugeres pone en manifiesto la grande
miseria de esta mision, donde son rarisimos los terrenos propios para el
cultivo del algodon; asi es que se ven obligados sus moradores a
procurarse tegidos de lana venidos de Cochabamba para confeccionar sus
_tipois_.
Todavia subsisten algunas supersticiones entre estos indios: cuando
enviudan, por ejemplo, creen que hallaran la muerte si van a la caza del
tigre, y que se cubriran de lepra si matan una vivora. Cuentanse alli
como once mil cuatrocientas once cabezas de ganado vacuno,
pertenecientes al Estado, y tres mil ochocientos cinco caballos.
El rio Yacuma abunda en palometas, pescado de forma ancha y algo chata,
esmaltado de colores amarillos muy vivos, y cuyos dientes triangulares y
cortantes atemorizan a los indios, que no por ello dejan de tentar la
pesca con anzuelos fijados en la punta de un alambre. Desde los tiempos
mas remotos, los dientes de la palometa han sido las tigeras de los
indigenas de aquellas regiones, y aun se sirven de ellos los tejedores
para recortar los hilos[1].
[Nota 1: Vease la lam. 5, fig. 2.]
_Camino de Santa-Ana a Exaltacion._
Exaltacion queda al norte de Santa-Ana, distante como quince leguas. En
la estacion de seca este camino se hace atravesando la llanura a
caballo; pero en la epoca de lluvias es menester bajar en canoa por el
rio Yacuma hasta su entrada en el Mamore, el cual, muy tortuoso en este
punto, ensena sobre sus hermosas riberas infinidad de lagos y banados,
por los cuales se suele pasar para abreviar el camino evitando los
rodeos: se llega por ultimo al trapiche de Exaltacion que esta unido por
medio de un foso al banado del puerto. Es menester emplear un dia para
hacer este transito, y dos cuando se sube de Exaltacion a Santa-Ana.
_Camino de Santa-Ana a Reyes._
Para ir a Reyes, se tiene precisamente que pasar por Santa-Ana, de donde
se cuentan doce dias de camino, en direccion al oeste. En la estacion
seca y cuando se viaja sin equipage, se va por tierra, atravesando a
caballo como setenta leguas por llanadas magnificas, pobladas de ganados
salvages; mas en tiempo de lluvias, o cuando se llevan mercancias, se
sube en canoas el rio Yacuma, hasta encontrar sus primeros tributarios;
desde cuyo punto solo faltan ocho leguas de transito por la llanura para
ponerse en Reyes.
REYES.
Esta mision, una de las ultimas que establecieron los Jesuitas, esta
situada en una espaciosa llanura, distante algunas leguas del rio Beni,
y diez y ocho al este de Isiamas, canton de la provincia de Caupolican.
Sus moradores, oriundos de la nacion de los Maropas, tienen el rostro
afeminado, bastante regular y muy semejante al de los Mocetenes. Estos
indios mascan la coca; y llevan una camiseta mas corta que la de los
Moxos.
En 1830 su poblacion constaba de mil y una almas; y poseia la mision
siete mil setecientas veintidos cabezas de ganado vacuno, mil
trescientos noventa y nueve caballos y veintitres cerdos. Sus
alrededores abundan en ganados salvages que seria muy facil domesticar.
EXALTACION DE LA CRUZ.
Esta mision, que fue fundada por los Jesuitas con los indios
Cayuvavas[1], habitantes de las riberas del Mamore, aun no existia en
1696. Edificada sobre una llanura y en medio de banados, se ve a
cubierto contra las avenidas del Mamore por un dique circular que
hicieron construir aquellos misioneros. La plaza, con sus palmeras, sus
capillas y las casas de los jueces, se parece a las de las otras
misiones. La iglesia, construida en el estilo de la edad media, esta
llena de ornamentos y esculturas del mejor gusto, y sus paredes, hechas
de adobe, se ven adornadas con pinturas. El colegio que tiene un piso
alto, no puede estar mejor distribuido. Los Jesuitas habian trazado
sobre las paredes de este edificio el mapa muy detallado de la
provincia, que debieron ellos conocer perfectamente; pero anos ha que el
capricho de un administrador hizo desaparecer este monumento precioso,
para que ocupasen su lugar caricaturas groseras, o la representacion,
copiada de grabados europeos, de la caza del jabali y del ciervo.
Exaltacion de la Cruz es, por los productos de su industria, una de las
mas ricas misiones; sus tegidos son excelentes, y su cacao no cede acaso
en calidad a ningun otro.
[Nota 1: El P. Eguiluz, _Relacion de la mision apostolica de los Moxos_,
pags. 35 y 37, cita esta nacion, como la unica salvage en 1696.]
Los indios cayuvavas que pueblan esta mision, son sin replica los
mejores hombres de la provincia, tanto por la franqueza que los
caracteriza, como por su sobriedad y amor al trabajo. Sus facciones son
regulares, y sus cuerpos robustos. Remeros infatigables, sus pilotos son
los mejores practicos del pais. Entusiastas y atrevidos no dejan por eso
de ser circunspectos, respetuosos, dociles y de una complacencia
estremada. Han conservado entretanto algunas supersticiones de su estado
primitivo, las que se advierten principalmente entre los hombres
encargados de cuidar el ganado: asi, por ejemplo, cuando un Cayuvava
sabe que su muger se encuentra en cierto estado de salud, nunca monta a
caballo, ya sea por temor de dar una caida, ya sea por no comprometer el
estado de la enferma. Los que enviudan se encierran durante un mes, y
renuncian a montar a caballo mientras permanecen viudos, temerosos de
espantar al ganado.
En 1830, la poblacion indigena de Exaltacion ascendia a dos mil setenta
y cinco almas, y estaba dividida en ocho secciones: los _Maisimaees_,
los _Maidebochoquees_, los _Maidepurupinees_, los _Mairoanas_, los
_Maiauquees_, los _Maidijibobos_, los _Maimajuyas_ y los _Maimorasoyas_.
El ganado vacuno llegaba, en el citado ano, al numero de once mil ciento
seis, y el caballar a quinientas veintiseis cabezas.
Una calzada de un cuarto de legua conduce de la mision al puerto,
especie de banado en donde se ven amarradas las canoas, confiadas a la
vigilancia de una familia indigena. Este es el parage donde van tambien
a banarse diariamente los indios y las indias, seguros de no ser
molestados por los caimanes.
En virtud de sus antiguas supersticiones, toda vez que estos naturales
salen salvos de algun peligro, echan a tierra un espiga de maiz, como
para dar gracias a la providencia de haberlos favorecido con su
proteccion.
SAN-RAMON.
La mision de este nombre fue fundada en 1792 por orden del
gobernador Zamora, con el sobrante de la poblacion itonama de
Santa-Maria-Magdalena: el pueblo, edificado a imitacion de las misiones
de los Jesuitas, pero sin ornamentos, ocupa una posicion deliciosa,
estendiendose sobre un terreno solido, lleno de hidrato de hierro, y
bastante elevado para estar siempre a cubierto contra las avenidas del
rio Machupo, que pasa no muy lejos de alli. En sus cercanias se ven
algunos plantios de bananos, mientras que las otras partes cultivadas
estan algo distantes, sobre todo, la perteneciente a los indios, que se
avecina mas bien al rio Itenes. La industria de esta poblacion no se
diferencia en nada de la de Magdalena.
A distancia de media legua del pueblo hay un hermoso lago; se ve otro de
al misma naturaleza a dos leguas: tienen ambos una forma oblonga, y su
diametro abraza cuando mas una legua. El pescado que se saca de ellos es
muy esquisito; pero la multitud de caimanes no deja de ser un grande
estorbo para la pesca. Estos feroces anfibios son tambien muy comunes en
el rio Machupo, pero el modo de darles caza es diferente del que hemos
visto empleado por los Canichanas de la mision de San-Pedro. Los
moradores de San-Ramon atan un perro a la orilla del rio, colocando por
delante de el una lazada abierta, de manera que el caiman no pueda
acercarsele sin entrar en ella; dispuesto de tal manera el armadijo, se
ocultan a poco pasos, teniendo en la mano la otra punta del lazo. A los
aullidos del perro no tarda en presentarse algun caiman, mostrando
primeramente sobre el agua las orbitas salientes de sus ojos y la
estremidad del hocico: permanece desde luego algunos instantes en
observacion, y con la vista clavada en su presa; en seguida se zambulle
para reaparecer sobre la orilla, donde se arrastra lentamente hacia el
pobre perro, que, magnetizado por tan terrible enemigo, queda sin
movimiento, algunas veces tiembla, otras, en fin, hace los mas violentos
esfuerzos para romper las cuerdas que lo sugetan, y escapar a la
horrenda boca que se abre para tragarlo. Afortunadamente sus temores
duran poco[1]; pues los indios se apresuran a tirar del lazo y arrastran
al caiman, aturdido talmente de verse capturado, que ya ni siquiera
intenta defenderse. Como no puede darse vuelta, acercansele los indios
por detras, y le quitan la vida de dos o tres hachazos. El tamano
ordinario de estos reptiles es de cinco varas; pero en general son
proporcionados a la estension y anchura de los rios en donde moran.
Jamas se encuentran grandes caimanes en los riachuelos, ni pequenos en
los grandes rios.
[Nota 1: Vease la lam. 6]
La poblacion de San-Ramon, totalmente itonama, se componia, en 1804, de
cuatro mil doscientos cinco individuos, en 1808, de cuatro mil cincuenta
y cinco; pero una peste de viruelas vino a destruir gran parte de ella
reduciendola a solo mil novecientos ochenta y cuatro. El pueblo esta
dividido en las nueve parcialidades que siguen: _Bechua, Gualane,
Guachara, Iaca, Pacasnane, Muchusmo, Morochia, Guacleca_ y _Yaracaca_.
En 1830 se contaban alli, ocho mil trescientas cabezas de ganado vacuno
y mil cuatrocientos caballos, de la propiedad del Estado. Se recogen
igualmente en esta mision, el cacao, la cera, el sasafras, el algodon,
y se hacen los mismos tegidos que en los otros cantones de la provincia.
Sus producciones dieron al Estado, en el citado ano de 1830, la cantidad
de mil seiscientos noventa y cuatro pesos. _Camino de San-Ramon a
Magdalena._
Para ir de San-Ramon a Magdalena, se cuentan veinticinco leguas en linea
directa hacia el este; mas como se tienen que hacer muchos rodeos, esta
distancia se aumenta de una tercera parte. En la estacion de seca se
transitan a caballo las dilatadas llanuras, deteniendose en diferentes
puntos donde se han construido cabanas para hospedar a los viageros: se
encuentran ademas, en este camino, varias haciendas establecidas sobre
las hermosas llanadas que separan al rio Itonama del rio Machupo. Si ha
de emprenderse este viage, en la citada estacion, para conducir
mercancias, es menester ir embarcado, y entonces la distancia se
duplica; pues hay que bajar el rio Machupo hasta su confluencia con el
Itonama, y subir por este en seguida hasta Magdalena, trazando un angulo
agudo.
En tiempo de lluvias este camino se abrevia, atravesando en canoa las
llanuras inundadas. Se bajan entonces por el rio Machupo como tres
leguas, hasta entrar por la derecha en un arroyo, muy incomodo para la
navegacion, por estar guarnecido de arboles, entre los que es menester
abrirse paso con hacha en mano y luchando contra una corriente
rapidisima: pero muy luego las ondas se aquietan, el arroyo se ensancha,
sus ribazos se despejan del arbolado, viniendo por ultimo a formar una
laguna de medio cuarto de legua de ancho y de una legua de largo. De la
otra parte de esta laguna, las aguas, que se mantienen un momento
paradas, cambian de direccion; asi es que en vez de proseguir aguas
arriba, se sigue el curso natural de la corriente. Se advierte
entretanto que el mencionado lago, cuyas ondas se encaminan por un lado
al este, en direccion al rio Huarichona, y por el otro al oeste, hacia
el rio Machupo, representa la altura de separacion de aquellas dos
vertientes; disposicion que es muy notable. Avanzando camino, se bajan
todavia cuatro leguas por el mismo arroyo, que primeramente se presenta
bastante ancho, y va luego angostandose cada vez mas, hasta verse
nuevamente guarnecido de ramages, continuando asi para ir a reunirse con
otro brazo. Este arroyo, que tiene el mismo nombre del rio Huarichona,
es navegable solamente en tiempo de lluvias, y desagua en el rio
Itonama, diez leguas mas abajo del punto de su reunion con el nuevo
brazo indicado, por el cual es menester subir como dos leguas,
prosiguiendo el viage a Magdalena. Los ribazos de este segundo arroyo se
encuentran tambien guarnecidos, como los del anterior, de arboles tan
inmediatos los unos a los otros, que con dificultad se abren paso las
canoas por en medio de ellos, sobre todo, hallandose las aguas casi a la
altura de sus copas. Terminado este arroyo, se entra en una llanura
inundada, navegando por ella como dos leguas, en cuyo transito se
descubren cerca de un bosque las chozas de parada de la travesia por
tierra. Despues de haber dejado atras dos boscages aislados, escentos de
inundacion, se sigue bogando por la llanura en direccion al
estesudeste, hasta llegar a un arroyo, llamado Chunanos, por el que se
baja hasta la primera encrucijada, atravesando dos bosquecillos cerca de
los cuales aparece sumergida en el agua otra choza de alto para la
estacion de seca. Hay luego que subir por otro brazo hasta desembocar
nuevamente en la llanura, donde el pobre viagero tiene que pasar una
jornada, espuesto a los ardores de un sol abrasador o a los impetuosos
aguaceros. La inundacion general de toda esta comarca prueba el perfecto
nivel de sus terrenos y la ausencia total de puntos culminantes entre
las diversas corrientes: por todos lados no se ve mas que agua; pero
sucede muchas veces que no hay la suficiente para poder bogar, siendo
entonces forzoso arrastrar las canoas. Estas llanadas estan cubiertas en
algunos parages de grandes yerbas, cuyas penachos, que salen fuera del
agua, sustentan unos pelotones rojizos, formados por las hormigas; las
que no pudiendo vivir sodre la tierra anegada, se agrupan de este modo,
para esperar durante dos o tres meses el retorno de la seca: mas al
menor choque suelen deshacerse tales grupos, desparramandose las
hormigas, cuando no en el agua, adentro de las canoas; lo cual se agrega
a las otras molestias del viagero navegante.
Terminada la llanura, se baja por un arroyo hasta llegar a la estancia
de San-Carlos. Apartandose de esta, se continua en descenso por el mismo
arroyo (cuyas orillas empiezan a cubrirse desde alli de matorrales casi
enteramente anegados), hasta desembocar en el rio Itonama. Para ponerse
en Magdalena es necesario navegar todavia cinco leguas subiendo por este
rio, el cual baja con alguna rapidez hacia el noroeste, atravesando una
llanura inundada y desnuda de arbolado, para ir a reunirse con el
Machupo.
_Camino de San-Ramon a San-Joaquin._
Este transito por tierra es de ocho leguas hacia el norte, y de doce
yendo por el rio Machupo, cuya corriente, tortuosa y muy profunda por
todas partes, se halla guarnecida de hermosos boscages: hay en este rio
muchedumbre considerable de bufeos. En la estacion de seca se atraviesa
a caballo la llanura sin la menor dificultad tomando la ribera izquierda
del rio.
SAN-JOAQUIN.
Esta mision fue fundada por los Jesuitas al este del rio Blanco y a una
distancia muy apartada del sitio que actualmente ocupa, en una epoca
posterior a 1700. En marzo de 1796, so pretesto de que los indios
Baures, que componian su poblacion bajo el regimen de los
administradores, se veian continuamente perseguidos y robados por los
salvages, fue trasferida al lugar donde se encuentra, es decir, sobre
una ligera plataforma rodeada de banados y situada en la ribera
izquierda, a un cuarto de legua del Machupo. Los edificios provisorios
del pueblo, al que se sube por una calzada, son de construccion sencilla
y de un solo piso. Por lo demas, nada tiene de notable esta mision; cuya
industria no se diferencia de la de las otras misiones. El punto que
ocupa San-Joaquin esta cubierto de mineral en pepitas de hierro
hidratado. Los campos cultivados por cuenta del gobierno, y que se
encuentran a una legua del pueblo, en el interior de un bosque, abrazan
un grande espacio de terreno, donde crecen plantas llenas de vigor: el
platano, la cana-dulce, el cacao, la mandioca y el maiz son de exelente
produccion. Como media legua distante de la mision hay una hermosa
laguna que nunca esta seca. Se encuentra tambien a la parte nordeste,
despues de haber cruzado un pantano de una legua de ancho, un terreno
seco, muy notable por la gran cantidad de pepitas de hierro hidratado
que cubren el suelo, y de las que se podria sacar un pinguee provecho
para el establecimiento de herrerias catalanas o de altas fraguas,
hallandose poblados de bosque todos sus contornos. Es muy estrano que
los Jesuitas, tan sumamente industriosos, no hayan beneficiado estas
riquezas mineralogicas que habrian duplicado sus recursos, y dado una
grande impulsion al adelanto de aquellas comarcas. Estas capas
horizontales y a descubierto, se estudien como dos leguas, siempre
circundadas por bosques, como si la naturaleza hubiese colocado de
proposito, al lado de las minas, los medios de practicar su laboreo.
La vegetacion de las inmediaciones de San Joaquin es maravillosa. Se ven
en los bosques arboles gigantescos y de un follage el mas variado:
distinguense alli entre los motacues y otras plantas conocidas, unas
hermosas palmas, llamadas de _rosario_[1], por servir sus cocos para
hacer cuentas de rosarios. Esta palmera, cuyo tronco liso y derecho esta
coronado de grandes hojas graciosamente arqueadas, es sin disputa una de
las mas elegantes. El suelo se ve cubierto por todas partes de
magnificos helechos, en tanto que los gajos de los arboles sostienen los
tallos crecidos de una especia de _Palma christi_, cuyo fruto es diez
veces mayor que el de la especie ordinaria. Notanse ademas en las
orillas de los bosques otras dos especies de palmas; la una muy elevada
y que sostiene sus hojas en una sola linea repartida a los dos lados
del tronco, formando un abanico de verde hermosisimo[2] y la otra,
espinosa[3] y de hojas semejantes, aunque mas pequenas, a las de la
palma real de Chiquitos. Algo mas cerca de la mision, se cria un fruto
silvestre de la forma de una pera, que solo se come cuando esta negro de
maduro: su sabor es semejante al del nispero, y sus pepitas tienen mucha
analogia con las de la pera.
[Nota 1: La _Euterpe precatoria_]
[Nota 2: La _Oenocarpea tarampabo_.];
[Nota 3: La _Mauritia armata._]
La poblacion de San-Joaquin se componia en 1823 de setecientos sesenta y
seis indios baures; pero los estragos causados en 1832 por las viruelas
y el sarapion, la redujeron al numero de seiscientas noventa almas. El
pueblo consta de cinco parcialidades, conocidas bajo los nombres de
_Paschiono, Caparebocono, Tacarano, Abeabano_ y _Tocono_.
El ganado vacuno de la propiedad del Estado ascendia, en 1830, a tres
mil ochocientas ocho cabezas, y el caballar a trescientas treinta y
cinco. En el citado ano el producto de la mision fue de seiscientos
setenta pesos.
_Caminos de San-Joaquin a Exaltacion._
Para ir de San-Joaquin a San-Pedro, se sigue (como se dijo al hablar de
esta mision) el curso del rio Machupo, pasando por San-Ramon. Para ir en
tiempo de lluvias a Exaltacion, que esta a veintisiete leguas en linea
recta hacia el oeste, es menester atravesar en canoa una llanura cruzada
en todas direcciones por varios arroyuelos que se encaminan, los unos
al rio Machupo, los otros al Mamore. En tiempos secos se lleva el mismo
camino transitando a caballo las magnificas llanadas; mas para la
conduccion de mercancias no hay otro vehiculo que el de los rios, y el
camino se prolonga entonces hasta ciento veinte leguas. Se bajan
primeramente treinta por el rio Machupo, hasta su confluencia con el
Itenes o Guapore; en seguida cuarenta por este hasta su confluencia con
el Mamore, el cual es menester subir, siguiendo sus largos rodeos por el
espacio de cincuenta leguas, hasta llegar a Exaltacion. Para hacer
conocer mejor estos vehiculos de transporte, que son al mismo tiempo los
raudales mas hermosos de la provincia, voy a describirlos
detalladamente.
Saliendo de San-Joaquin se navega durante dos dias por el Machupo,
descendiendo hacia el nornordeste. Las orillas de este rio estan
guarnecidas de bosques muy tupidos, que revelan el vigor de una
vegetacion activa. El aspecto salvage, pero variado, de estas soledades,
no carece de cierta grandeza. A un lado, el tinte verdinegro de las
selvas, las sinuosidades multiplicadas del rio, las tropas de monos, los
numerosos bufeos que viajan a par de las canoas, y al otro la
muchedumbre de pajaros riberenos y terrestres, animan el paisage
haciendolo mas interesante. El rio, cuya anchura es de cien varas,
recibe los tributos de un sin numero de arroyuelos que ayudan al desaguee
de las llanuras inundadas. A las doce del segundo dia se pasa por un
sitio en donde ambas riberas se ven cultivadas y cubiertas de plantios
pertenecientes a los indios de San-Ramon y de San-Joaquin. Los ribazos
del rio Machupo son bastante altos sobre un largo espacio de su curso,
circunstancia que debe favorecer al cultivo de sus orillas, siendo de
estranar por lo tanto que no se haya pensado en situar las misiones a
menos distancia. A poco mas de las dos de la tarde se presenta la
confluencia del rio Itonama, bajo cuyo nombre continua corriendo el
Machupo hasta reunirse con Guapore o Itenes. Entonces se descubre hacia
el norte, por encima de los arboles, la prolongacion occidental de la
Sierra del Diamantino. Desde este punto empiezan a mostrarse millares de
bufeos jugando sobre las ondas, y en el transito de algunas leguas, se
ven tres hermosas especies de palmas, que no se encuentran en ninguna
otra parte[1]. A eso de las cinco se desemboca en el rio Itenes, en cuya
confluencia habria sido muy conveniente establecer una poblacion, vista
la mucha elevacion de la ribera izquierda del Itonama; pero
indudablemente no han dado lugar a ello las interminables discusiones
entre Espanoles y Portugueses, sobre los limites de sus posesiones
respectivas; y queda ya referido que, deseosos estos ultimos de
conservar el monopolio de la navegacion de esos rios, espulsaron a los
Jesuitas que trataban de establecerse sobre sus orillas[2].
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