Descripcion Geografica, Historica y Estadistica de Bolivia written by Alcides de Orbigny
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26 [Nota del Transcriptor: Este texto digital ha conservado las
irregularidades en las puntuacion, acentuacion y ortografia del libro
original.]
DESCRIPCION GEOGRAFICA, HISTORICA Y ESTADISTICA DE BOLIVIA
DEDICADA A SU EXCELENCIA EL GENERAL DON JOSE BALLIVIAN PRESIDENTE DE LA
REPUBLICA
POR ALCIDES DE ORBIGNY
TOMO PRIMERO
1843
INTRODUCCION
Habiendo nacido con muy particulares disposiciones para las ciencias
naturales, debo a los consejos y a las doctas lecciones de un padre,
cuyo nombre es digna y honrosamente conocido entre los sabios, el
temprano desarrollo de ese instinto poderoso que al estudio de ellas me
impulsaba. Vine por ultimo a Paris, en donde, fiel a mi vocacion, pude
seguir estos mis estudios predilectos de una manera mas especial,
procurando iluminar mi inteligencia y beber la instruccion en esta
fuente, verdadero emporio de las luces y del saber. En 1825 presente a
la Academia de ciencias mi primer ensayo, el cual fue muy favorablemente
acogido, mereciendo la aprobacion del Instituto, como el lo manifesto en
su informe.
Tuvo a bien mi gobierno elegirme, en el mismo ano, para efectuar por la
America meridional un viage de exploracion, que fuese util a las
ciencias naturales y a sus numerosas aplicaciones. Semejante propuesta
desperto en mi la aficion por correr mundo, al mismo tiempo que me lleno
de regocijo; mas este fue mi luego moderado por el convencimiento en que
yo estaba, de que aun no habia llegado mi instruccion a la sazon debida,
para poder llenar, tan dignamente como convenia a mis ambiciosos
anhelos, una mision de esta naturaleza. Queria pues dedicarme al trabajo
por algunos anos mas, con el fin de obtener, a lo menos en parte, los
diversos conocimientos absolutamente indispensables para el viagero, que
desea examinar y dar a conocer un pais bajo todos aspectos.
Nombrado formalmente a fines del citado ano de 1825, tuve que activar
mis tareas para hacerme acreedor a tan honrosa prueba de confianza,
siendo ciertamente mi cargo tanto mas dificil de llenar, cuanto que
yo no contaba entonces sino veintitres anos. Por otra parte, la sola
idea de recorrer la America bajo tan lisonjeros auspicios me alhagaba
sobremanera, y encendia mi ardiente imaginacion, ofreciendome de
antemano mil cuadros a cuales mas seductores. Merced a los benevolos
consejos de los senores Cuvier, Brongniart, Cordier, Isidoro Geoffroy
Saint-Hilaire, y del celebre viagero baron de Humboldt, me fue dado
entrever cual seria el circulo de mis investigaciones. Las ciencias
naturales eran el objeto principal; mas considerando como complemento
indispensable la geografia, la etnologia y la historia, me propuse no
desechar nada, cuando estuviese en aquellos lugares, para traer conmigo
el tesoro mas completo de materiales relativos a estos ramos importantes
de los conocimientos humanos.
El 29 de julio de 1826 me embarque en Brest a bordo de _la Meuse_,
fragata del Estado, y di principio a mi peregrinacion trasatlantica.
Hice escala en las Canarias, en donde durante algunos dias pude
estudiar, a la vista del famoso pico de Teide, las producciones de la
isla de Tenerife, asi como sus crestas desgarradas. Dos meses despues
divisabamos las costas del Brasil, y un ambiente embalsamado con el
perfume de mil flores llegaba ya hasta mi, haciendome gustar inefables y
dulces emociones. Iba yo al cabo a echar pie sobre el mundo de Colon,
sobre esa tierra de prodigios, cuya exploracion habia siempre ansiado
aun en medio de los suenos de mi infancia. Tome finalmente asiento en
America por espacio de ocho anos.
El Rio Janeiro con sus montanas de granito y sus bellas y virgenes
selvas fue el primer teatro de mis exploraciones. Montevideo, Maldonado
y toda la republica oriental del Uruguay, ocupada entonces por los
Brasileros, me enseno luego sus campos, que se asemejan a los de
Francia. Atravesando la Banda oriental pase a Buenos-Aires, y me
embarque en seguida en el Parana, para trasportarme a las fronteras de
la provincia del Paraguay, declarada hoy dia Estado independiente. Subi
como trecientas cincuenta leguas por este inmenso rio, cuya magestuosa
corriente es de esperar que algun dia se vera surcada por centenares de
embarcaciones, las que impulsadas por el vapor ascenderan hasta
Chiquitos, haciendo asi mas inmediata la comunicacion de Bolivia con la
Europa.
Las ondas de este caudaloso rio, que tiene mas de una legua de ancho,
corren sobre un lecho cuyas margenes e innumerables islas se ven
adornadas de vistosos boscages, en donde la graciosa palmera entretege
su follage con el de los arboles mas variados y bellos.
Recorri durante un ano entero todos los puntos de la provincia de
Corrientes y de Misiones, y despues de haber penetrado en el Gran-Chaco,
di la vuelta por las provincias de Entre-Rios y de Santa-Fe. De regreso
a Buenos-Aires, quise encaminarme a Chile o a Bolivia; mas calculando lo
dificil que me seria atravesar el continente con toda seguridad, por las
turbulencias que, despues de la paz con el Brasil, minaban aquel estado,
me decidi a pasar a la Patagonia, tierra misteriosa, cuyo solo nombre
encerraba en ese entonces un no se que de magico. Me transporte pues
alli a fines de 1826, y permaneci en ella durante ocho meses.
Pude efectuar mis primeras investigaciones con bastante sosiego, por mas
penoso que fuese el recorrer un pais de los mas aridos, y en donde la
falta de agua se hace sentir a cada paso en el corazon de esos monotonos
e interminables desiertos; pero los indios Puelches, Aucas y Patagones
se sublevaron inopinadamente contra la naciente colonia del Carmen,
situada a orillas del rio Negro, y me vi entonces precisado a reunirme a
sus habitantes para cooperar a la defensa comun. Habiendo vuelto por
segunda vez a Buenos-Aires, halle este pais en tan completa anarquia,
que, reconociendo la absoluta imposibilidad de pasar a Chile atravesando
las pampas, tome el partido de doblar el cabo de Hornos. A mi llegada a
Valparaiso encontre tambien a la republica Chilena en un estado de
agitacion nada propicio para los viages cientificos, y provisto entonces
de las recomendaciones del consul general de Francia en este Estado,
pase a Bolivia, de cuyo gobierno debia yo esperar una buena acogida, y
los medios de proseguir mi exploracion continental.
Cobija, puerto de Bolivia, me saludo desde luego con el imponente
aspecto de las montanas que lo coronan. Poco despues me desembarque en
Arica para dar principio a mis viages por tierra. Abandonando bien
pronto las costas, me encamine a Tacna, y en seguida emprendi mi
ascension a las cordilleras por el camino de Palca y de Tacora; mas, en
vez de tropezar alli con esas empinadas y agudas crestas, que se ven
figuradas en los mapas, me encontre sobre una dilatadisima planicie,
colocada a la altura de cuatro mil quinientas varas sobre el nivel del
mar, y en la que unicamente se apercibian de trecho en trecho algunas
moles conicas cubiertas de nubes. Atravesando este encumbrado llano,
vine a encontrarme luego en la cima de la cadena del Chulluncayani. Al
contemplar desde alli la dilatadisima extension que se desplegaba ante
mis ojos, y la tan grande variedad de objetos que las miradas alcanzaban
a dominar a la vez, yo saboreaba un sentimiento de indefinible
admiracion. Es cierto que se descubren paisages mas pintorescos en los
Pirineos y en los Alpes; pero nunca vi en estos un aspecto tan grandioso
y de tanta magestad. El llano Boliviano, que tiene mas de treinta leguas
de ancho, te dilataba a mis pies por derecha e izquierda hasta perderse
de vista, ofreciendo tan solo pequenas cadenas paralelas, que parecian
fluctuar como las ondulaciones del Oceano sobre esta vastisima planicie,
cuyo horizonte al norueste y al sudeste no alcanzaba yo a descubrir, al
paso que hacia el norte veia brillar, por encima de las colinas que lo
circunscriben, algunos espacios de las cristalinas aguas del famoso lago
de Titicaca, misteriosa cuna de los hijos del sol. De la otra parte de
tan sublime conjunto se divisaba el cuadro severo, que forma la inmensa
cortina de los Andes, entrecortados en picos agudos, representando la
figura exacta de una sierra. En medio de estas alturas se levantaban el
Guaina Potosi, el Illimani y el nevado de Sorata mostrando su cono
oblicuo y achatado, estos tres gigantes de los montes americanos, cuyas
resplandecientes nieves se dibujan, por sobre las nubes, en el fondo
azul oscuro de ese cielo el mas transparente y bello del mundo. Hacia el
norte y el sud la cordillera oriental va declinando poco a poco hasta
perderse totalmente en el horizonte. Si me habia yo sentido lleno de
admiracion en presencia del Tacora, aqui me hallaba transportado, y sin
embargo no era esta sino una de las faces de aquel cuadro; pues
volviendo hacia otra parte, se me revelaba un conjunto de no menores
atractivos. Yo descubria aun el Chipicani, el Tacora, y todas las
montanas del llano occidental, que acababa de trasponer, y sobre las que
mi vista se habia tantas veces detenido durante los tres dias de mi
transito por la cordillera.
Baje al llano Boliviano, situado aun a la altura de cuatro mil varas
sobre el nivel del mar, y que es la parte mas poblada de la republica.
Llegue a la ciudad de La-Paz, la antigua Choquehapu (campo de oro),
nombre que, por su abundancia de minas en este metal, le dieron los
Aymaraes. Este valle favorecido por la proximidad de los Yungas, y que
se encuentra a tres mil setecientas varas de elevacion, ostenta a un
mismo tiempo en sus mercados todos los frutos de los paises frios, de
los templados y de la zona torrida. Escribi inmediatamente al gobierno,
remitiendole mis cartas de recomendacion. En respuesta me ofrecio el su
proteccion, y fondos si los necesitaba, proponiendome ademas un oficial
del ejercito y dos jovenes para acompanarme. No queriendo abusar de tan
generosas ofertas, acepte, con la mayor gratitud, solamente los dos
ultimos, asi como las facilidades de trasporte por toda la republica; y
desde aquel instante, me considere ya seguro de poder recorrer con fruto
esta bella y rica parte del continente americano.
Impaciente por ver la provincia de Yungas, de la que se me decian tantas
maravillas, dirijime a Palca, y una vez puesto sobre la cumbre de la
cordillera oriental, me senti deslumbrado de tal manera por la magestad
del conjunto, que desde luego no vi sino la extension inmensa, sin poder
darme cuenta de los detalles. Ya no era una montana nevada la que yo
creia asir, ya no era un dilatado llano, sin nubes como sin vegetacion
activa.... Todo era aqui distinto. Volviendome hacia el lado de La-Paz
aun vela las aridas montanas y ese cielo siempre puro, caracteristico de
las elevadas planicies. Por todas partes, al nivel en que me hallaba,
alturas vestidas de hielo y de nieve; mas que contraste por el lado de
los Yungas! Hasta quinientas o seiscientas varas debajo de mi, montanas
entapizadas de verde terciopelo, y que parecian reflejarse en un cielo
transparente y sereno a esta altura, una cenefa de nubes blancas, que
representaban un vasto mar azotando los flancos de las montanas, y por
sobre las cuales se desprendian los picos mas elevados, figurando
islotes. Cuando las nubes se entreabrian, yo descubria a una
inconmensurable profundidad debajo de esta zona, limite de la vegetacion
activa, el verdor azulado oscuro de las virgenes selvas, que guarnecen
por todas partes un terreno tan accidentado. Lleno de regocijo al verme
rodeado de una naturaleza, tan diferente de la que me habian presentado
la vertiente occidental y los llanos de la cordillera, quise, antes de
ocultarme bajo esta boveda de nubes, vagar libremente algunos instantes
por sobre la region del trueno.
Visite sucesivamente Yanacachi, Chupi, Chulumani, Irupana, etc., pasando
alternativamente del lecho de los rios a la cumbre de las montanas. La
pomposa vegetacion del Rio Janeiro se ve reproducida en estos sitios,
pero con mas esplendor; una caliente humedad fomenta en ellos, hasta
sobre las mas escarpadas rocas, plantas prodigiosas. Despues de haber
estudiado detalladamente esta provincia, tan abundante en producciones,
segui por la misma vertiente occidental, recorriendo el terreno
desigual, pero rico en minas de plata, de las provincias de Sicasica y
de Ayupaya, pasando por Cajuata, Suri, Inquisivi, Cavari y Palca hasta
trepar nuevamente la cordillera oriental, de donde cayeron de repente
mis miradas, a algunos millares de pies, sobre los ricos valles de
Cochabamba y de Clisa. Que singular contraste aquel con el de los riscos
donde me encontraba! Era la imagen del caos al lado de la mas grande
tranquilidad: era la naturaleza triste y silenciosa en presencia de la
vida mas animada. Yo veia pues, en medio de aridas colinas, dos
extendidos llanos cultivados y guarnecidos por todas partes de casuchas
y bosquecillos, entre los que se distinguian gran numero de aldeas, y
una grande ciudad a la que hacian sobresalir sus edificios como a una
reina en medio de sus vasallos. Nada puede efectivamente compararse a la
sensacion que produce el aspecto de esas llanuras, cubiertas de
caserios, de plantaciones y de cultura, circunscriptas por una
naturaleza montanosa y esteril, que se extiende a mas de treinta leguas
a la redonda perdiendose confusa en el horizonte. Se creeria ver alli la
tierra prometida en el seno del desierto. Si habia yo probado antes
vivisimas impresiones en presencia de las bellezas salvages de esa
naturaleza grandiosa del llano Boliviano, y de la cordillera oriental,
en donde la vida no entra para nada en el conjunto, pues que nada se
encuentra alli de lo que respecta al hombre, cuanto mayores no serian
ellas, al descubrir yo estos lugares animados, estas llanuras sembradas
de edificios, esos campos ricos y abundosos que despertaban en mi mente
la imagen de mi patria!
Cochabamba y sus cercanias fueron por algun tiempo el teatro de mis
investigaciones; prosiguiendo luego mi marcha hacia el este, traspuse
cien leguas de montanas bastante aridas, pero cortadas por fertiles y
profundos valles. Durante este viage reconoci sucesivamente las
provincias de Clisa, de Mizque y del Valle-Grande, siguiendo por el
camino de Punata, Pacona, Totora, Chaluani, Chilon, Pampa-Grande y
Samaypata (el poyo del descanso), ultimo punto habitado de las montanas,
de donde solo distaban treinta leguas las fertiles pampas del centro
continental. Pocos dias despues se descubria, de la cumbre de la cuesta
de Petaca, el extendido horizonte de unos llanos calurosos cubiertos de
bosques, en cuyo centro se ve sentada la tranquila ciudad de
Santa-Cruz-de-la-Sierra.
El estudio de esta ciudad y de sus notables contornos ocupo mi atencion
por algunos meses: pasados estos, me resolvi a penetrar mas adentro en
las tierras habitadas. Me encontraba ya como a trecientas leguas del
mar; pero anhelando tambien conocer las poblaciones puramente indigenas,
volvi mi marcha al este, hacia la provincia de Chiquitos, atrevasando el
_Monte-Grande_, cuya espesa frondosidad cubre una extension de mas de
sesenta leguas, y en donde vanamente se buscarian otros huespedes que
los animales salvages.
La provincia de Chiquitos, colocada en el centro del continente
americano, tiene mas de diez y ocho mil leguas de superficie, y siendo
muy fertil su terreno, pueden cultivarse en ella todos los frutos de los
paises calidos, al mismo tiempo que en las montanas de Santiago pudieran
sembrarse trigos y plantarse la vina. Visite sucesivamente San-Javier,
Concepcion, San-Miguel, Santa-Ana, San-Ignacio, San-Rafael, San-Jose y
Santiago, y precisamente vine a encontrarme sobre esas montanas, en la
primavera de aquellas regiones.
En tanto que un sol abrasador tostaba las llanuras circunvecinas,
algunas beneficas nubes, posandose sobre la cima de las montanas, habian
operado un cambio total en el aspecto de la naturaleza. Los arboles se
cubrian de un tierno follage y de diversidad de flores; la campina
desplegaba lujosamente sus primorosos ropages. En nada absolutamente
pudiera compararse la bella estacion de Europa a un tal momento bajo las
zonas torridas. En Francia, por ejemplo, las hojas van brotando poco a
poco, y el frio y la ausencia de dias hermosos se hacen frecuentemente
sentir aun despues de bien entrada la primavera. En aquellos lugares,
esta no es sino el cambio subito de una decoracion. La naturaleza se
halla muerta, inanimada; un cielo demasiado puro ilumina un campo triste
y casi desolado; pero sobreviene un aguacero, y al punto, como por
encanto, todas las cosas toman una vida nueva. Bastan pocos dias para
esmaltar los prados de verdura y de flores olorosas, y revestir los
arboles con esas hojas de un verde tierno, o con las flores que las
preceden, dando a cada uno de ellos un color vivo y uniforme. Si la
campina, ostentando su bella alfombra, embalsama el aire con los mas
suaves perfumes, los bosques presentan otro caracter no menos halagueeno
de belleza y variedad. Aqui un arbol cargado de largos racimos purpureos
contrasta con las copas, ya celestes, ya del dorado mas puro; alla
sobresale una cima blanca como la nieve junta al rosado mas tierno. Con
cuanto regocijo trepaba yo por esas laderas, donde tan lindos vegetales
se engalanaban, con sus joyeles, o recorria los prados sin saber a que
sitio dar la preferencia, pues que cada uno de ellos me ofrecia un
encanto que le era particular, un tipo diferente. Confieso que nunca me
habia sentido tan maravillado en presencia de las bellezas de ese suelo,
cubierto por un dosel tan esplendido.
Dejando muy luego el pueblecillo de Santiago, y atravesando bosques
inmensos y el rio de Tucabaca, destinado probablemente a suministrar
ricas minas de oro, llegue a Santo-Corazon, que es el punto mas oriental
de los lugares habitados de la republica. Santo-Corazon era
efectivamente por aquella parte el extremo del mundo, pues que nadie
podia entonces pasar mas adelante. Asi pues, calculando las grandisimas
ventajas que resultarian de la navegacion del Paraguay para el trafico
comercial y para la civilizacion de la provincia de Chiquitos, y
anhelando ser el primer instrumento de esta gigantesca empresa, recogi
todos los datos posibles de los indigenas acostumbrados a recorrer las
florestas, e hice abrir un camino hacia las ruinas del antiguo
Santo-Corazon, en donde corre el Rio Oxuquis, formado de los rios
San-Rafael y Tucabaca, llegando a cerciorarme que los altos ribazos de
esta corriente podrian proporcionar, en todas estaciones, un puerto
comodo y situado a muy poca distancia del Rio Paraguay, en el cual
desemboca un poco mas arriba del fuerte de la Nueva-Coimbra. En 1831
comunique estos importantes datos al gobierno de Bolivia, haciendole ver
el cambio favorable que, para aquella provincia y para toda la
republica, resultaria de una nueva via de comunicacion, por el Rio de la
Plata, con el Oceano atlantico.
Deseoso de recorrer otro punto de Chiquitos, atravesando bellas selvas
me puse en la mision de San-Juan, y retorne en seguida a San-Javier, de
donde me aparte diciendo tambien adios a la provincia, al cabo de seis
meses que me habia dedicado a su estudio.
En medio de las inmensas y sombrias selvas que separan las vastas
provincias de Chiquitos y de Moxos, y en un espacioso recinto, que se
halla indicado en nuestros mejores mapas como desconocido, corre un rio
tambien ignorado aunque navegable: este rio es el San-Miguel. Sus
orillas cubiertas de una vegetacion tan lujosa como activa, estan
habitadas por una nacion muy notable; tales son los Guarayos, que
realizan en America, por su franca hospitalidad y por sus costumbres
sencillas y enteramente primitivas, el poetico ensueno de la edad de
oro. Entre estos hombres de la simple naturaleza, a quienes jamas
atormento la envidia, el robo, esta plaga moral de las civilizaciones
mas groseras como de las mas refinadas, tampoco es conocido. Si algunas
veces habia yo suspirado viendo yacer en el abandono campos magnificos,
mientras que en Europa tantisimos infelices labradores perecen de
miseria, cuanto mas agudo no debio ser mi sentimiento en presencia de
aquellos lugares, los mas abundosos que yo habia encontrado hasta
entonces, y en donde una naturaleza tan prodigiosa, y de un lujo de
vegetacion extraordinario, parece estar pidiendo brazos que vengan a
utilizarlos por medio del cultivo productor!
Al dejar el pais de los Guarayos, me embarque y anduve ocho dias bogando
sobre las aguas del San-Miguel, cuyas margenes se ven cubiertas ya de
altos bambues ya de palmas motacues. El rio se halla bien encajonado por
todas partes; asi es que las embarcaciones de todo tamano pueden navegar
alli facilmente en todo tiempo. De este modo me puse en la mision del
Carmen de Moxos, y visite esta vasta provincia, donde, sobre una
superficie de trece a catorce mil leguas, treinta y tres rios navegables
estan ofreciendo al comercio y a la industria vias ya trazadas en medio
de una sola llanura, que da origen a todas las grandes corrientes
meridionales, tributarias del famoso Rio de las Amazonas. Viven alli,
divididos en diez naciones diferentes y que hablan distintas lenguas,
unos pueblos, todos ellos dedicados a la navegacion, y que conocen
perfectamente las mas pequenas vueltas y revueltas de esos canales
naturales, diariamente cruzados por ellos en canoas hechas de un solo
tronco de arbol, el cual es ahuecado a fuerza de hierro y de fuego.
Navegando por el Rio Blanco y el Rio Itonama, y atravesando sobre una
canoa llanos inundados, hasta llegar al Rio Machupo, pude visitar
sucesivamente Concepcion, Magdalena, San-Ramon y San-Joaquin, restos del
esplendor pasado de los jesuitas.
Cerca del ultimo punto encontre unas minas de hierro, las que abrazando
un espacio de dos leguas, han sido colocadas por la naturaleza como
para facilitar su laboreo y dar vida a aquellas regiones, no lejos del
rio, e inmediatas a grandisimos bosques.
Baje por el Machupo hasta el Itonama, su confluente, y desemboque luego
en el Guapore o Itenes, por el cual suben los Brasileros desde el Rio de
las Amazonas hasta Mato-Groso, llevando en sus _gariteas_ las mercancias
procedentes de Europa. Encontre efectivamente dos de esas barcas en el
_Forte-do-principe-de-Beira,_ donde hay una guarnicion brasilera. Tiene
el Guapore en este punto mas de media legua de ancho; sus aguas corren
magestuosamente en medio de bellas margenes y por entre islas
guarnecidas de arboles muy pintorescos. Descendiendo por el, yo
comparaba mentalmente esos desiertos, hoy dia tristes y silenciosos, con
lo que llegaran a ser cuando una poblacion industriosa venga a animarlos
y a sacar un provecho de sus dones, y cuando el comercio con los
Europeos, puesto en plena actividad, cubra esas aguas de barcos de vapor
destinados a llevarles la abundancia y la vida intelectual.
Llegue finalmente a la confluencia de los rios Guapore y Mamore, y
colocado en la punta misma del angulo formado por la reunion de los dos
mas grandes rios de aquellas regiones, yo abrazaba de una sola ojeada
las corrientes de uno y otro. Existe entre ambos el mas prodigioso
contraste. A un lado, presenta el Guapore el simbolo de la quietud:
bosques sombrios se extienden hasta el borde de sus cristalinas aguas,
las que corren con lentitud y magestad: al otro, me ofrecia el Mamore la
imagen del caos y de la instabilidad de las cosas. Sus rojas aguas,
sumamente agitadas, arrastraban, borbollando, innumerables trozos de
vegetacion, y hasta troncos gigantescos, arrancados violentamente a los
ribazos por la corriente. Nada hay estable sobre su paso. Si una de sus
riberas esta cubierta de terromoteros casi desnudos de vegetacion, y en
donde crecen algunas plantas anuales, la otra, pertrechada de barrancas
arenosas, se desmorona de tiempo en tiempo minada constantemente por las
aguas, arrastrando en su caida arboles que cuentan siglos, por lo que se
ven las ensenadas llenas de troncos, que las crecientes estraordinarias
han ido amontonando.
El Mamore, tan ancho como el Guapore, me enseno sobre sus riberas y
sobre las de sus tributarios, en el curso de una navegacion como de cien
leguas, las hermosas misiones de la Exaltacion, de Santa-Ana, de
San-Xavier, de la Trinidad y de Loreto.
Las comunicaciones que existian entre Cochabamba y Moxos eran largas, y
sobre todo muy arriesgadas, siendo esto un grandisimo obstaculo para el
comercio establecido entre ambos puntos. Asi pues me propuse buscar,
para obiar tales inconvenientes, un camino mas abreviado, o una via de
navegacion por en medio de selvas y montanas, persuadido de que con esto
haria yo a Bolivia un servicio capaz de dar a su gobierno un testimonio
de mi gratitud, por las muchas favores de que le era justamente deudor.
Un poco mas al sud de la Trinidad, habia yo notado sobre la orilla
occidental del Mamore la embocadura del Rio Securi, no marcado en los
mapas, y cuyo curso hasta en el mismo pais era desconocido. Este
caudaloso rio, que viene mas directamente de las montanas del este de
Cochabamba, debia ayudarme a poner en practica mi proyecto; mas quise
ante todo asegurarme por mi mismo, de si no eran exageradas las
dificultades de la comunicacion existente hasta entonces.
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